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Letras, Filosofía, Ciencias y Artes Costa Rica

La Mona

Contacte al Autor: Cinthia Carvajal Arce

Cinthia Carvajal Arce
bachiller en Artes Dramáticas, licenciada en Docencia de las Artes Dramáticas, máster en Psicopedagogía. Profesora de enseñanza técnico-profesional, especialidad Teatro, en el Conservatorio de Castella. La correspondencia en relación con esta publicación debe dirigirse a cinthia_act@yahoo.com  
Recibido: 21 de noviembre de 2019
Aceptado: 03 de abril de 2020
Revista Umbral 
Volumen 45 (1), Julio de 2020
ISSN 1409-1534 • EISSN electrónico: 2215-6178
CÓMO CITAR / HOW TO CITE
Arce, C. (2020). La Mona. Revista Umbral, 45(1), pp.51-60.

Escena 1
Guanacaste. Principios de siglo XX. Cae la tarde en un bos-que. Se ve un árbol de chilamate de enormes raíces, entre las raíces se ve un hueco que parece una cueva. Entra doña MAGDA con su hija adolescente MARCELA. 
MAGDA: —Mirá, Marcela, este chilamate, qué grande. Vos sabés que allá en Bolsón, cerca de la finca donde trabajaba, había uno parecido.
MARCELA: —Sí, yo me acuerdo de ese árbol. Me acuerdo que el día que nos fuimos de la finca dormimos debajo de él; parecía una cueva.
MAGDA: —Sí, fue el día que nos echaron y tuvimos que dor-mir debajo de ese árbol, a pesar de que decían que era el árbol del diablo.
MARCELA: —¿Cómo que árbol del diablo?
MAGDA: —Sí, cuentos de la gente… Dicen que el diablo le aparece a quien duerme debajo de él.
MARCELA: —Mamá, ¿por qué nos echaron de la finca?
MAGDA: —La gente decía que yo era bruja, pero la verdad fue que el patrón me estaba echando el caballo y no me dejé.
MARCELA: —¿Qué hiciste?
MAGDA: —Lo asusté, me disfracé de mona y varias noches fui a hacerle bulla al techo. Lo malo fue que me agarraron, casi me matan, pero como vos estabas pequeña no lo hicie-ron. Y nos echaron. 

MARCELA: —Sí… Nos ha tocado duro, mamá...
MAGDA: —Sí, m’hijita, la vida es muy dura para las muje-res solas; por eso es bueno saber defenderse… Yo no tengo nada, lo único que puedo heredarle es lo que yo sé.


Escena 2
Seis años después. Corredor de la casa de HERNÁN VIALES, dueño de una finca. En el lugar se celebra una fiesta. Parejas bailan mientras suena la marimba. LIGIA, la hija mayor de don HERNÁN, está sentada y aburrida. Aparece RITA, su her-mana, y mira con alegría a las parejas; de pronto se percata de LIGIA y la invita a levantarse para bailar con ella.
RITA: —Venga, venga, bailemos.
LIGIA: —No, ¡qué pena! 
RITA: —Vamos, total la fiesta es de papá, a nosotras ¿qué nos importa lo que diga esa gente?
LIGIA: —Está bien, bailemos. Mientras viene Rodrigo.
RITA: —Ay, sí, Rodrigo… (Las hermanas empiezan a bailar).
RITA: —Rodrigo es un charlatán.

LIGIA: —No es charlatán, es divertido y guapo.
RITA: —Sí, pero es un pata rajada.
LIGIA: —Aquí, ¿quién no es un pata rajada?
(De pronto aparece RODRIGO con una albarda. Guinda la manila y luego se dirige hacia LIGIA; ella deja de bailar con su hermana y sigue bailando con él. LIGIA y RODRIGO sonríen mientras bailan).
LIGIA: —¿Dónde estaba?
RODRIGO: —Desensillando el caballo.
(Aparece don HERNÁN, un hombre alegre y robusto. Viene con otro hombre y ambos están tomando licor; de pronto interrumpe el baile y dice una bomba refiriéndose a RODRI-GO).
HERNÁN: —¡Bomba!
Todos los burros están completos:
ningún burro falta ya,
porque el único que faltaba
bailando el “Punto” está.
Uyuyuy carajo…
(Música de marimba)

RODRIGO: —¡Bomba!
No me gusta la cebolla
ni tampoco la remolacha;
no vengo por el “tata”
sino por la muchacha.
Uyuyuy carajo…
(Música de marimba)
LIGIA: —¡Bomba!
Soy como el pájaro cuervo
que en las cumbres me mantengo;
los amores que me distes
en el corazón los tengo,
y como no me los cumpliste
a que me los cumplas vengo.
Uyuyuy papito…
RODRIGO: —¡Bomba!
Cuando te vi venir
me cogieron intenciones
de juntar con tus enaguas
mis luyidos pantalones.
Uyuyuy mamita…
HERNÁN: —¡Eh! ¡Qué es esa falta respeto! ¡Aquí se respeta a las mujeres y más si son hijas del patrón, carajo! 
RODRIGO: —¡Perdón, don Hernán! Era vacilando.
HERNÁN: —Era vacilando… (Déspota) ¡Vaya a traer agua al pozo! (RODRIGO sale) …Pelao ese… (A todos) Vamos aden-tro de la casa, la fiesta sigue. (Mientras los demás salen, le dice a su amigo). Eso me pasa por invitar a peones (Salen todos).

Escena 3
(Patio de la casa, cerca de un pozo. RODRIGO entra a es-cena y se dispone a sacar agua. Aparece MARCELA con un plato en el que hay una tanela y unas rosquillas).
MARCELA: —Vea lo que le traje.
RODRIGO: —Qué rico, póngalas ahí, ahorita me las como. ¿Cómo está la parranda?
MARCELA: —Bonita, lástima que me tienen cocine y cocine. ¿Y vos? ¿Qué fue lo que le dijiste a Ligia? Ahí me contaron que don Hernán te trapió todo.
RODRIGO: —Nada, estábamos diciendo bombas y no le gustó una que dije.
MARCELA: ¿Cuál le dijiste?
RODRIGO: —La de los pantalones luyidos.
(Los dos se ríen).
MARCELA: —Sos un jodión.

RODRIGO: (La jala hacia él y la toma por la cintura) —Te en-canta que sea un jodión.
MARCELA: —Un poquito… Pero me encanta más cuando me toma en serio.
RODRIGO: —Claro que la tomo en serio, ya va a ver que apenas junte suficiente platica nos casamos y nos vamos de aquí.
MARCELA: (Se voltea hacia él) —Solo vos sabés.
RODRIGO: —Aaahh, ¿no me creés?
MARCELA: —A veces sí, a veces no.
RODRIGO: —¡Qué lindo se te ve ese vestido, pero más lin-do lo que está por dentro! (Abraza y besa a MARCELA y se ocultan detrás del pozo).
MARCELA: —No, mejor no; ya tengo que irme.
RODRIGO: —Es rapidito.
(La besa, acaricia, se quita la camisa, le quita el vestido a MARCELA y lo tira en el piso, de pronto aparece LIGIA con un tamal en un plato, pero no es percibida por los amantes. LIGIA respira hondo y se oscurece el escenario).

Escena 4
Algún lugar de la finca. LIGIA está llorando y se come el tamal que era para RODRIGO. Aparece RITA.
RITA: —¡Diay! ¿Por qué está llorando?
LIGIA: —Rodrigo estaba con Marcela.
RITA: —¿Marcela la empleada?
LIGIA: —Sí.
RITA: —No me diga que estaban haciendo aquello.
LIGIA: —Sí.
RITA: —¡Qué Rodrigo más sinvergüenza! Y bien que anda de galán con vos.
LIGIA: —Yo pensé que le importaba (llora). ¡Ay, Rita!, ¿por qué siempre me ilusiono? Si al final nadie me agarra en se-rio.
RITA: —¡Ay, Ligia! No te pongás así; ese Rodrigo debería estar feliz que te fijaste en él… Vos sos bonita, inteligente, divertida, de buenas costumbres…
LIGIA: —¿Y de qué me sirve ser todo eso? (pausa). Mirá a la Marcela… Es una pobreta, mal amansada y ahí anda Rodri-go detrás de ella.
RITA: —Mirá, Ligia, para nadie es un secreto que ella y la mamá son brujas; ya de varias fincas las han echado por lo mismo, así que no es nada raro que ella esté haciendo algún hechizo para atraer a Rodrigo.

LIGIA:—Sí... qué infeliz la Marcela, ella sabía que a mí me gustaba Rodrigo... Pues le voy a decir a papá que la eche.

RITA:— Podría ser... Aunque se me ocurre una cosa: yo me voy para San José el lunes, me puedo a llevar a Marcela para que me ayude a cuidar a tía Milagro. Ahí nos podemos quedar unos meses y, mientras tanto, usted ve si vale la pena quedarse con Rodrigo.

LIGIA:— No es tan mala idea.

RITA:—Pues hagámoslo, vamos a decirle a papá.

LIGIA:—¿Y si Marcela dice que no?

RITA:— No va a decir que no, ella depende de nosotros. Ya en el pueblo corrió el rumor de que ella y la mamá son brujas, nadie les va a dar trabajo.

LIGIA:— Sí, es cierto, pero ¿qué va a pasar cuando ustedes regresen? ¿Cómo nos deshacemos de ella?

RITA:—Fácil... Le digo a papá que nos robó plata y la va a tener que echar.

LIGIA:— Sí... y si la echamos...ella y la mamá van a tener que largarse del pueblo.

RITA:— ¿Ve, Ligia? Que para todo hay solución, menos para la muerte.

LIGIA:— Exactamente

RITA:—Vamos, que la fiesta todavía no se ha terminado.

Escena 5

Cocina en casa de don HÉRNAN. Hay una mesa y dos bancos. MAGDA empieza a barrer. Tose con fuerza. Aparece MARCELA, su hija.

MARCELA:— ¡Diay, mamá! ¿Limpiando? Deje eso. Usted está muy mal. Siéntese.

MAGDA:—Ay, m´hiija, vieras que hoy no me siento tan peor.

MARCELA:—Pero si se pone a limpiar así, más tarde no va a poder ni respirar.

MAMÁ: —Es que ya casi viene don Hernán y no me gusta que se vea tan sucio.
MARCELA: —Tranquila, mamá, yo puedo barrer.
(MAGDA empieza a toser. Desde dentro se escucha la voz de SUSANA, amiga de MARCELA y otra empleada de don HERNÁN).
SUSANA: —Marcela, dice Ligia que vayás a recoger los pla-tos...
MARCELA: —Ya voy.
SUSANA: —¿Cómo siguió, doña Magda?
MAGDA: —Pues no tan bien, todavía sigo con esa tos.
SUSANA: —Pues vea lo que le traje (de la bolsa del delantal saca un jarabe y se lo da a MAGDA).
MAGDA: —Ay, gracias, Susanita. ¿De dónde sacó eso?
SUSANA: —Por ahí lo tenía don Hernán, pero usted sabe que él no lo necesita.
MAGDA: —Gracias. Si no fuera por vos y por mi chiquita, ya estaría muerta.
SUSANA: —No hable así, se va a poner bien.
MAGDA: —Mirá vos, he estado muy mal. No le digás a Mar-cela, pero estoy tosiendo con sangre.
SUSANA: —¡Ay, Virgen Santa!
MAGDA: —No creo que aguante otro mes.
SUSANA: —¡Ni quiera Dios!... ¡Tómese eso! (le da un traguito del jarabe en la tapa de la botella).
MAGDA: —Ay, Susanita, vos siempre tan gentil. Un día de estos te voy a hacer una cajeta bien rica.
SUSANA: —Doña Magda, no hace falta, yo a usted y a Mar-cela las aprecio mucho, ustedes han sido las únicas que me han tratado bien desde que llegué acá y… bueno, don Hernán cuando no se le mete el agua… Hablando del rey de Roma, por ahí viene.

MAGDA: —Mejor guarde el jarabe.
SUSANA: —Guárdelo usted (le da el jarabe a MAGDA y ella lo guarda en el delantal).
(Aparece DON HERNÁN seguido de RITA y MARCELA que trae unos platos sucios y los pone en la mesa).
DON HERNÁN: —Ah, doña Magda, qué dicha que la veo; es que tengo que hablar con usted.

MAGDA: —Sí, ¿en qué puedo servirle?

DON HERNÁN: —El lunes Rita se va para San José a cuidar a una hermana mía que ya está mayor y necesito que Marcela la acompañe.
RITA: —Sí, doña Magda, es que vieras que la casa de mi tía es muy grande y necesito que alguien me dé una manita.
MAGDA: —Sí, como ustedes dispongan y… ¿por cuánto tiempo se irían?
RITA: —Un mes o dos, máximo. Es para dar tiempo a que se recupere mi prima, que está recién mejorada.
MAGDA: —Aaahh bueno, está bien.
DON HERNÁN: —Usted no tiene de qué preocuparse. Se puede quedar acá, Susana la va a ayudar y yo le voy a estar mandando plata a su hija.
MAGDA: —Como usted diga, don Hernán.
DON HERNÁN: —Con permiso, todavía quedan unos invita-dos. (Salen DON HERNÁN y RITA).
MARCELA: —Yo no quiero ir.
MAGDA: —Ay, mita, yo tampoco quisiera. Me va a hacer mu-cha falta mi chiquita. (La abraza. MAGDA empieza a toser con fuerza).

MARCELA: —Mami, y usted así de enferma ¿quién la va a cuidar?
SUSANA: —Yo, Marcela, no se preocupe.
MARCELA: —Vaya, mami, y se acuesta, nosotras limpiamos (MAGDA sale). Susana, necesito que me prometa que va a cuidar a mi mamá.
SUSANA: —¡Claro, ya le dije que sí!
MARCELA: —Y necesito que me vigile al Rodrigo; yo sé que a Ligia le gusta y ahorita anda de coqueta con él.
SUSANA: —Ay, Marcela, yo puedo vigilarlo. Pero usted sabe que Ligia es la patrona.
MARCELA: —Sí... ya no quiero pensar en eso... Haceme un favor, fijate a ver si Rodrigo está y decile que lo veo en la poza.
SUSANA: —Está bien.
Escena 6
En la poza. Aparece RODRIGO. Es de noche.
RODRIGO: —Marcela.
(Entra MARCELA, lo abraza y llora).
RODRIGO: —¿Qué pasa?
MARCELA: —Don Hernán quiere que me vaya a San José con Rita. Y mi mamá le dijo que sí.
RODRIGO: —¿Cuándo se van?
MARCELA: —El lunes. Por eso vengo a despedirme.
RODRIGO: —¿Cómo que a despedirse? ¿Cuánto tiempo se van a quedar?
MARCELA: —Dos meses, pero puede ser menos...
RODRIGO: —Ay, amor, me va a hacer mucha falta (la besa, ella se deja llevar y ambos salen por la lateral).

ACTO II

Escena 1
Dos meses después. Casa de DON HERNÁN. Él sentado en una mesa contando monedas. 
DON HERNÁN: —Susana, traeme un fresco.
(SUSANA trae un vaso de fresco que DON HERNÁN se toma con rapidez).
SUSANA: —Aaayy don Hernán... Ya vinieron las muchachas... 
La verdad yo no me atrevo a darle la noticia a Marcela.
DON HERNÁN: —No te preocupés, yo le digo. 
(SUSANA sale y entra RITA y abraza a DON HERNÁN).
RITA: —¡Papá!
DON HERNÁN: —¿Cómo le fue, m’hijita?
RITA: —Bien, vieras cómo se alegró la tía Milagro, me pre-guntó por usted y por Ligia y dice que cuando quieran vayan.
DON HERNÁN: —Bueno, ahora me contás. Allá está Susana con comidita hecha. Haceme un favor, decile a Marcela que venga.
RITA: —Está bien (sale).
(Entra MARCELA)
MARCELA: —¿Qué se le ofrece, don Hernán?

DON HERNÁN: —Siéntese, mamita. (DON HERNÁN la mira y le toma la mano).

MARCELA: —¿Qué pasó, don Hernán? ¡Dígame!

DON HERNÁN: —Ayyy muchacha, el viernes su mamá se puso muy mal...

MARCELA: —¿Dónde está ella?DON HERNÁN: —Ella falleció.(MARCELA llora).

MARCELA: —No es cierto, don Hernán, dígame que no es cierto... Yo no debí irme... Ella estaba muy enferma ¿Por qué, Dios mío? ¿Por qué?

(DON HERNÁN la levanta de la silla y la abraza).

DON HERNÁN: —Vamos para que se tome algo (Salen).

Escena 2
Semanas después. Cuarto de LIGIA. LIGIA dobla ropa. Apa-rece RITA.
RITA: —¿Cómo amaneciste?
LIGIA: —Fatal, esos sapos no me dejaron dormir en toda la noche.
RITA: —No son los sapos, sos vos. Te pasás en una pura pen-sadera… Y ¿cómo te fue con Rodrigo?
LIGIA: —Pues ya me dijo que nos casemos.
RITA: —¡No lo puedo creer!! ¿Y cuándo le decís a papá?
LIGIA: —Rodrigo dice que nos esperemos.
RITA: —¿Esperar qué? Marcela ya lleva varias semanas acá y no podemos arriesgarnos.
LIGIA: —Sí, ya es hora de decirle a todos que nos vamos a casar.
RITA: —Por cierto... ¿Cuándo vamos a echar a Marcela?LIGIA: —Es que como se le murió la mamá....
RITA: —Sí, pero si nos esperamos mucho Rodrigo podría vol-ver con ella.
LIGIA: —Tenés razón. Echémosla hoy.
RITA: —¿Ella ya limpió aquí?
LIGIA: —Sí.
RITA: —¿Dónde ponés la plata?
LIGIA: —En esa gaveta.

RITA: —Escondela en otro lado.

(LIGIA esconde la plata en su vestido)

LIGIA: —¿Y ahora?

RITA: —Llamala y le preguntás por la plata. El resto me lo dejás a mí.

LIGIA: —¡Marcela, Marcela!

MARCELA: —¡Sí! ¿Qué pasó?

LIGIA: —¿Usted cogió la plata que estaba en esa gaveta?

MARCELA: —No, yo nunca abro ese mueble.

LIGIA abre la gaveta y señala).

LIGIA: —La plata estaba aquí, een esta cajita y usted fuee la única que entro acá.

MARCELA: —Ligia, de verdad yo no toqué nada de ahí

LIGIA: —Entonces ¿quién pudo ser? ¿Susana?

MARCELA: —No creo, ella solo ha estado en la cocina.

LIGIA: —Si no fue Susana entonces fue usted

MARCELA:  no! Yo  jamás haría eso.

LIGIA: —Aaahh sí, mosquita muerta, ya la vamos conocien-do. Voy a decirle a papá (sale).
MARCELA: —No, Ligia, espérese.
RITA: —¡Qué bárbara, Marcela, con todo lo que hemos he-cho por usted! ¿Por qué mejor no agarra sus chunches y se larga?
MARCELA: —Rita, yo no me robé nada.
RITA: —¿Aaahh no? Cuando estábamos en San José a tía Mi-lagro se le perdió una plata; ella sospechó de usted. En ese momento yo no le quise creer, pero ya me doy cuenta la clase de mujer que es usted: una aprovechada igual que su madre.
MARCELA: —No hable mal de mi mamá.
LIGIA: —Con razón la tenían fichada en el pueblo; usted es igual a ella, una bruja.
MARCELA: —Pídale a Dios que no le castigue la lengua. Me voy a ir, y ya se sabrá que yo no me robé nada (sale).
Escena 3
En el bosque. LIGIA juega con RODRIGO al gato y el ratón, mientras tanto SUSANA escondida los espía.
RODRIGO: —Vení para acá.
LIGIA: —No me agarrés duro.
RODRIGO: —Está bien (la suelta, LIGIA intenta correr, pero RODRIGO la vuelve a agarrar).
LIGIA: (Ríe) —Ya, ya, ya... Sentémonos ahí.
(Se sientan)
LIGIA: —Ya casi llueve.
RODRIGO: —Vamos al galerón.

LIGIA: —No... Rodri, ¿cuándo vas a hablar con mi papá?
RODRIGO: —Aaahhh la pucha.
LIGIA: —¡¿Cómo?!
RODRIGO: —Es que todavía no estoy listo.
LIGIA: —¿Cómo que no está listo? ¿Qué tiene que hacer para estar listo?
RODRIGO: —Diay... Vos sabés que soy muy pobre y no ten-go nada que ofrecer.
LIGIA: —Pero mi papá nos puede ayudar.
RODRIGO: —Sí, yo sé… Es que prefiero no depender de él.
LIGIA: —Sí, solo excusas para no casarse conmigo.

RODRIGO: —No, no es eso....

LIGIA: —¿No será que todavía estás enamorado de Marcela?RODRIGO: —Para nada... Es como te dije (Empieza a besarla).
LIGIA: —¡Ah no, Rodrigo! Si no te comprometés, yo no me meto con vos en el galerón (se va).

RODRIGO: —Ligia... ¡esperate! (la detiene). Mañana voy a hablar con don Hernán.
LIGIA: (Lo besa). —Estoy tan feliz. Vamos de una vez.
(Salen juntos, en el lugar donde estaban sentados quedó el pañuelo de LIGIA. SUSANA se acerca al pañuelo y en eso aparece MARCELA muy celosa).
MARCELA: —Los acabo de ver, iban para la casa de ella (ve el pañuelo de LIGIA). ¿Y eso? Es de ella, ¿verdad?
SUSANA: —Sí, lo dejó aquí.
MARCELA: —¿Los viste juntos?
SUSANA: —Sí.
MARCELA: —¿De qué hablaron?
SUSANA: —Ella lo estaba presionando para que se casaran.
MARCELA: —¡Maldita! Ya lo sabía... Y él ¿qué le dijo?
SUSANA: —Le dijo que mañana iba a hablar con el papá de ella.

MARCELA: —Me la van a pagar....

SUSANA: —Pero, Marcela... dejalos...Olvidate de Rodrigo.
MARCELA: —No, él me prometió que se iba a casar conmi-go. No sabe con quién se metió.
SUSANA: —Ya ves que es un mentiroso.
MARCELA: —Por eso me la va pagar (sale y se lleva el pa-ñuelo).
SUSANA: —Marcela, Marcela...

Escena 4
Casa de RODRIGO. La MAMÁ está en camisón y se prueba un vestido. Aparece LA HERMANA DE RODRIGO. La MAMÁ se prueba otro vestido mientras habla con ella.
HERMANA DE RODRIGO: —¿Y ese vestido? 
MAMÁ: —Es para ver si me queda.
HERMANA: —¿Por qué? ¿Para dónde va?
MAMÁ: —Es que mañana Rodrigo va a comprometerse con Ligia y hay que verse presentable.
HERMANA: —¿Ya Rodrigo se decidió?
MAMÁ: —Sí, lo que es la vida. Ya por dicha se olvidó de la Marcela.
HERMANA: —Bueno, no creo; pero si Ligia le conviene más…
MAMÁ: —¡Claro que sí! Y no por la plata. Ligia es más ma-dura, más centrada. Ya vas a ver, ahorita Rodrigo se enamo-ra de ella.
HERMANA: —Sí, ojalá que les vaya bien... Mamita, y ¿cómo van a hacer? ¿Ligia vendría a vivir acá o Rodrigo se iría para allá?

MAMÁ: —Lo más lógico es que se queden allá; ya ves que esta casa está muy mala y a don Hernán le sobra tierra para que ellos hagan su casita.
HERMANA: —Bueno, qué dicha, ojalá también nos ayuden a reparar esta casa. Mamá, ¿yo la puedo acompañar maña-na?
MAMÁ: —Sí, búsquese un vestido que no se vea muy feo.
HERMANA: —Eso va a estar difícil, los que tengo están to-dos comidos de polilla.
MAMÁ: —Diay, vea a ver cómo les disimula los huecos… Ahora que me acuerdo, hay una ropa en el baúl viejo, va-mos a ver si hay algo que sirva (salen).

Escena 5
(Durante el atardecer del día siguiente. En el mismo bosque de la escena 1 del primer acto. MARCELA entra con SUSA-NA, esta última trae unas velas pequeñas en las manos).
MARCELA: —Ponelas en forma de triángulo.
(SUSANA pone las velas en forma de triángulo).
SUSANA: —Marcela, ¿no te da miedo hacer estas cosas?MARCELA: —Dejate de pendejadas (MARCELA empieza el conjuro).
Debajo de este chilamate
se hará el hechizo
para asustar a aquella
que tanto daño me hizo.
(MARCELA pone el pañuelo de LIGIA en el centro del trián-gulo).
Ligia Viales,
esta noche no dormirás. 
(Ordenando a Susana)
Repite: Esta noche no dormirás.
SUSANA: —Esta noche no dormirás.
MARCELA Y SUSANA: —Esta noche no dormirás, esta no-che no dormirás, esta noche no dormirás (Se escuchan soni-dos de miles de sapos).
(De arriba del escenario cae una flor de chilamate, MARCE-LA la toma y la mira con atención).

MARCELA:
—Flor de chilamate,
flor de la bajura,
dame poderes
en esta noche oscura.
(SUSANA le pasa los elementos del hechizo, MARCELA los va poniendo en el centro del triángulo, mientras los va nom-brando).
Pellejo de iguana, 
semillas de anona, 
y que esta mujer
se convierta en mona
se convierta en mona.
(MARCELA empieza a tener espasmos y cae. De la cueva que forman las raíces del árbol de chilamate sale convertida en una mona. SUSANA se asusta, se persigna y huye por la lateral. MARCELA transformada en MONA se esconde en la cueva).

Escena 6
(Esa misma noche, patio de la casa de DON HERNÁN. Él está acompañado de RODRIGO, de la MAMÁ y la HERMA-NA, quienes vienen mejor vestidos; seguido de ellos apare-cen LIGIA y RITA).
HERMANA DE RODRIGO: —¡Qué grande esta propiedad!

DON HERNÁN: (Señalando el horizonte y presumiendo) 

—Todo esto es mío, la loma de llá y el río. ¿A ustedes les gustan los toros?

HERMANA Y MAMÁ: —Sí.

DON HERNÁN: —Un día de estos las invito para que vean mis toritos, de lo mejor que hay para la monta.

RODRIGO: —¿Será que yo puedo ocuparme del ganado, don Hernán?

HERNÁN: —Vamos a ver si se la juega. (A la MAMÁ) Si Rodrigo se casa con mi hija lo pongo de mandador.

MAMÁ DE RODRIGO:—¡Claro que sí, don Hernán! Él se encargará de eso.

HERMANA:—Y eso que está por ahí ¿qué es?

DON HERNÁN: —El molino.Vengan para que lo vean (salen don HERNÁN y la MAMÁ DE RODRIGO).

RITA: —Pero, igia, ¿estás segura de que te querés casar con Rodrigo?

LIGIA: —¿Y que tiene de malo?

RITA: —Se nota que la mama y la hermana son unas interesadas. Tras de eso, vienen acá con esos vestidos todos comidos de polilla.

LIGIA: —¡Qué bárbara! 
RITA: —Si así tienen los vestidos, imaginate como tienen los calzones (las dos ríen).
(Se escuchan ruidos de ramas. De algún lugar del escenario aparece LA MONA, que aterroriza a las hermanas que gri-tan. Ante esto aparecen DON HERNÁN y RODRIGO y su MAMÁ).
DON HERNÁN: —¿Qué fue lo que pasó?
RITA: —De ahí, de ahí salió una bicha negra, peluda. 
LIGIA: —Era horrible.
RODRIGO: —¿Por dónde?
RITA y LIGIA: (señalando) —Por ahí.
(RODRIGO y DON HERNÁN se asoman por el lugar que las muchachas señalan; la mona aparece de nuevo y los atemo-riza. Todos salen huyendo).

Escena 7
Mismo lugar. Más tarde. Se escuchan desde dentro las voces del PADRE BENITO y de RODRIGO).
PADRE BENITO: —¡Qué bárbaro muchacho! Sacarme de la iglesia a esta hora. 
RODRIGO: —Por acá apareció la mona, padre Benito. Tenga paciencia.
(Aparece el PADRE BENITO al lado de RODRIGO con una linterna, hace una cruz con sal y clava la cruceta encima de la cruz).
PADRE BENITO: 
—En nombre de la cruz,
yo te ato, criatura del infierno; 
en nombre de la cruz,
símbolo del cristianismo,
yo te ato, criatura del infierno, 
yo te ato, criatura del infierno. 

(Se oyen sonidos de ramas que se mueven).

PADRE BENITO: —Clavá la cruceta en el piso. Echale el maíz al sombrero y ponelo en el suelo. La mujer va a salir al ama-necer.
RODRIGO: —Entonces ¿lo dejo ahí?
PADRE BENITO: —¡Que sí, hombre! Hay que venir mañana a ver quién es. Y vámonos, es mejor no estar acá. 

Escena 8
(Mismo lugar. Amanecer del otro día. Se escuchan desde dentro las voces del PADRE BENITO y de LIGIA).
PADRE BENITO: —Qué pajoso ese Rodrigo; él tenía que ve-nir aquí a ayudarle enfrentar a ese demonio.
LIGIA: —Es que le dio mal de estómago.
(Aparece MARCELA con el vestido sucio y, acuclillada, se empieza a comer el maíz del sombrero. Luego entran LIGIA y el PADRE BENITO).
LIGIA: —Marcela, ya lo sospechaba.
PADRE BENITO: —Todavía está en trance... De aquí no se va a mover hasta que se arrepienta de lo que hizo (le pasa un mecate alrededor de las muñecas).
MARCELA: (Como dominada por una fuerza) —Me hicieron mucho daño, no me voy a arrepentir.
LIGIA: —Usted también me hizo daño. Usted sabía que yo quería a Rodrigo y no le importó.
MARCELA: —Él me quiere a mí, se va a casar con usted solo por la plata.
LIGIA: —Eso no es cierto.

MARCELA: —Sí es cierto. Rodrigo era novio mío desde ha-cía tiempo; usted fue la que me mandó para San José para quedarse con él. Usted y su hermana son peores que yo, me mandaron lejos sabiendo que mi mamá estaba enferma y no pude verla morir. (Se suelta las amarras y toma la cruceta del piso y se abalanza contra LIGIA, caen al piso y el PADRE BENITO le quita la cruceta; luego hiere a MARCELA en un hombro. LIGIA se levanta y MARCELA se queda en el piso tapándose la herida).
LIGIA: —Ya vas a ver, pécora; voy a llamar a todo el pueblo y te vamos a linchar (Sale).
MARCELA: —Padre, ¿por qué lo hizo?

PADRE BENITO: —La ibas a matar.
MARCELA: —El pueblo me va a matar a mí. ¿Va a dejar que me linchen?
PADRE BENITO: —No me gustaría que eso pase, pero no creo que pueda contener la furia de la gente.
MARCELA: —Sí, la gente de este pueblo que tanto humilló a mi mamá. Yo maldigo a toda esa gente.
PADRE BENITO: —Marcela, arrepiéntase y va a ver cómo la va a dejar irse.
(Voz en off de DON HERNÁN).
DON HERNÁN: —Por ahí está, a ella, mátenla, mátenla.
(MARCELA intenta huir pero aparece una turba con palos y piedras entre la que están DON HERNÁN, RITA y otras per-sonas del pueblo quienes la acorralan y la apedrean; ella sale por la lateral y la TURBA también).
TURBA: —¡Mátenla, mátenla!
PADRE BENITO: (Se queda en escena) —No, por favor, no (se escuchan gritos de MARCELA, la luz se apaga).

Escena 9
(Meses después. Lugar en el bosque. El padre BENITO en-tra con SUSANA y le enseña el lugar donde está enterrada MARCELA).
SUSANA: —Nunca había caminado por esta parte. 
PADRE BENITO: —Casi nadie se anima a venir por la tumba de Marcela.
SUSANA: —Padre Benito, ¿usted estaba ese día?
PADRE BENITO: —Sí, pero no quise participar de ese cri-men; vi todo y me quedé petrificado, no pude hacer nada. Siempre me voy a arrepentir de eso. De un tiempo para acá hay gente que ve a Marcela cuando baja por ese trillo; por eso vengo a bendecir este camino y, como sé que usted era amiga de ella, por eso le pedí que me acompañara. Vamos a pedir por el alma de Marcela.
(Se persignan y empieza una música solemne que termina en un grito similar al de un animal. Apagón).

TELÓN

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