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Letras, Filosofía, Ciencias y Artes Costa Rica

Presencia del discurso del poder en el cuento “Solo vine a hablar por teléfono”,  de Gabriel García

Contacte al Autor: Carlos González Hernández Máster en Literatura Latinoamericana

I. INTRODUCCIÓN
Con el propósito de explicar el discurso del poder que se encuentra inserto, muy sutilmente, en el cuento de Gabriel García Márquez (escrito en el año 1978, pero publicado hasta 1991 en una antología llamada Cuentos peregrinos), se empleará el enfoque epistemológico conocido como análisis crítico del discurso (ACD) para evidenciar la manera en que se emplea el discurso del poder franquista para destruir a un indi-viduo que no compagina con el paradigma establecido por un grupo dominante. Además, se analizarán diferentes enunciados de la trama textual para demostrar que, en este caso en particular, se cometió un atropello para invisibilizar definitivamente a un opositor de la autoridad.

De acuerdo con Neyla Graciela Pardo Abril, en su artículo “Análisis crítico del discurso: Conceptualización y desarrollo”, los ACD se definen como 

Un conjunto de principios y teorías interdisciplinarias, en los que se integran diferentes enfoques para la exploración e interpreta-ción del nivel micro y macro-discursivo, cuyo núcleo de reflexión es siempre un problema social, cultural o político, relevante para la comunidad en la cual se produce, distribuye y comprende el discurso. Esta manera de reflexionar sobre la problemática socio-cultural tiene su hilo conductor en una posición crítica, a través de la cual el investigador se propone develar la desigualdad social, que cobra realidad en los discursos que promulgan, sostienen y legitiman los miembros de una sociedad al hacer uso de las expresiones sígnicas y los recursos tecnológicos disponibles. Se asume que, desde esta perspectiva, el discurso público orienta la acción social con la pretensión de priorizar intereses colectiva-mente elaborados y posicionados, en detrimento de los intereses y expectativas de otros sectores sociales (Pardo, 2011, p. 42).

Este marco teórico contribuirá para identificar las artimañas de un discur-so manipulador que favorece el éxito de los perversos propósitos de un Gobierno dictatorial. De acuerdo con Teun A. Van Dijk, los ACD nacen como:
Un tipo de investigación analítica sobre el discurso que estudia primaria-mente el modo en que el poder social, el dominio y la desigualdad son practicados, reproducidos, y ocasionalmente combatidos, por los textos y el habla en el contexto social y político. El ACD, con tan peculiar investi-gación, toma explícitamente partido, y espera contribuir de manera efec-tiva a la resistencia contra la desigualdad social (Van Dijk, 2009, p. 149).
Se destaca cómo se reproduce el discurso del poder político en la trama del cuento. Los ACD se dirigen, particularmente, al estudio de las estruc-turas y las estrategias de dominio y desigualdad, así como a las de resis-tencia y oposición, vinculadas con las relaciones sociales de clase, géne-ro, etnia, raza, orientación sexual, lengua, religión, edad, nacionalidad, entre otros. Dentro de los objetivos de los ACD, se pueden mencionar:

Descubrir, revelar o divulgar aquello que es implícito, que está es-condido o que por algún motivo no es inmediatamente obvio en las relaciones de dominación discursiva o de sus ideologías subya-centes. El ACD se centra específicamente en las estrategias de ma-nipulación, legitimación, creación de consenso y otros mecanismos discursivos que influyen en el pensamiento en beneficio de los más poderosos (Van Dijk, 2009, p. 17).

Para los ACD, la noción del contexto es fundamental. Como todos los discursos son históricos, solo pueden entenderse con referencia a su con-texto: sociológico, político, socio-psicológico. De ahí la importancia del enfoque inter y multidisciplinar del que habla Van Dijk (2009). También, utiliza las categorías de intertextualidad e interdiscursividad para analizar las relaciones con otros textos y otros discursos. Al estudiar el papel del discurso en la sociedad, centra su atención en las relaciones de poder, dominación, desigualdad, así como en la manera en que los integrantes de un grupo social los reproducen o les oponen resistencia a través del texto y del habla.
Van Dijk indica que los ACD poseen un perfil crítico cuando en sus análisis proponen que:

a) Las relaciones de dominación se estudian primariamente desde la perspectiva del interés del grupo dominado y a favor de este.
b) Las experiencias de los grupos dominados se emplean, además, como prueba para evaluar el discurso dominan-te.
c) El estudio puede mostrar que las acciones discursivas del grupo dominante son ilegítimas.
d) Pueden formularse alternativas a los discursos dominan-tes que coinciden con los intereses de los grupos domi-nados (Van Dijk, 2009, p. 26).

Un aspecto medular en los ACD es su posición ideológica. Constituyen un abordaje explícitamente crítico, lo cual im-plica una oposición al andamiaje del discurso de la élite. También, Van Dijk señala la necesidad de conocer los mo-dos en que el discurso del poder se perpetúa para controlar a las masas. Para este cuento interesa analizar el discurso político, específicamente. Asimismo, develar por qué ese discurso es ilegítimo para el conglomerado, de manera que viola, radicalmente, los valores civiles y los derechos funda-mentales de la sociedad. 

II. INTERPRETACIÓN DEL CUENTO “SOLO VINE A HABLAR POR TELÉFONO”, DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

A continuación, se dividirá la trama textual en sus compo-nentes estructurales para demostrar que el cuento de Gar-cía Márquez está erigido sobre un evidente interdiscurso político representado a través de la historia ficcional que le acaece a María de la Luz Cervantes en el manicomio. En primera instancia, se examina el paratexto del cuento. 

1. PARATEXTOS

  • Verbal: El paratexto por analizar es el título del cuento “Solo vine a hablar por teléfono”, el cual está compuesto por una oración intransitiva con un sujeto elíptico (yo); este sujeto tácito remite a una acción que pudo ejecutar cualquier individuo (hombre o mujer). El verbo compuesto o perí-frasis verbal de está oración intransitiva es “vine a hablar” que indica, espe-cíficamente, una acción concreta que realiza un sujeto. Además, el infinitivo “hablar” especifica aún más la acción que se realizará. Cabe señalar que, también, este verbo presenta el deseo de entablar un proceso de comuni-cación concreto. Ahora bien, el adverbio de modo “solo” indica, claramen-te, que lo único que se va a realizar en el lugar es una conversación entre dos personas. Por último, el complemento circunstancial de instrumento “por teléfono” muestra el medio por el cual se efectuará la comunicación que ese alguien desea realizar. Este paratexto presenta una posible petición que alguien añora realizar para un fin determinado. Aunque este enunciado tendrá otro uso dentro del discurso hegemónico que está asentado en la trama textual.

2. COTEXTO

2.1. Estructura

Este texto se le clasifica como perteneciente al género literario cuento, el cual es definido por Ana María Platas Tasende, en su Diccionario de términos literarios, de la siguiente manera:

Género narrativo, de extensión breve y contenido anecdótico, median-te el que se relatan sucesos ficticios presentándolos como reales o fan-tásticos. El cuento se realiza mediante la intervención de un narrador y con la preponderancia de la narración sobre las otras estrategias discur-sivas (descripción, monólogo y diálogo). Puede estar escrito en verso, aunque generalmente, lo está en prosa. Sus límites son muy inciertos y sus diferencias con la novela, en especial con la novela corta, difíciles de establecer: suele ser más breve que ella y caminar rápidamente ha-cia el final, pero a veces ninguna de las dos características se cumple; suele tener menos personajes, pero en ciertas ocasiones posee más (Platas, 2004, p. 188).

Por los acontecimientos que suceden en la trama, se cataloga como un cuento fantástico. En la literatura, existen muchas clasificaciones para los cuentos de acuerdo con su temática. Pero eso depende del enfoque con el cual desee trabajar el analista de textos literarios. Aquí, se brinda un breve concepto del cuento fantástico, tomado, también, del diccionario de Ana María Platas:

Nos propone el relato la narración de eventos cotidianos, aunque, en un determinado momento del relato, se sucederá un hecho fantástico, que escapa a la comprensión de la realidad y que se mantiene hasta el final del cuento. Este hecho fantástico, por lo general, no puede ser explicado por la ciencia o por la razón, lo que provoca incertidumbre en el lector (Platas, 2004, p. 321).

2.2. Mundo mostrado
Para entender cuáles son los mecanismos que utiliza la éli-te política española al eliminar a sus opositores, se debe estudiar el discurso, las cogniciones que están subsumidas en él y para quién está dirigido en el cuento este ataque discursivo. Por lo tanto, el elemento del mundo mostrado que facilita este trabajo es el del personaje. En este caso en particular, la mujer mexicana de veintisiete años, María de la Luz Cervantes. Esto es útil para esta propuesta interpretati-va, por cuanto se conocerá el objeto de repudio al que se dirige este discurso político ilegítimo y manipulador. 

2.3. Retórica y estrategia discursiva
En este apartado, se analizan los enunciados que alimentan el discurso político inmerso para dañar la integridad y la li-bertad del personaje María de la Luz Cervantes. Primero se expone la estrategia discursiva de la cual se vale esa élite del poder: es la satírica. Lo anterior construye un entramado discursivo para convertir a una persona cuerda e inocente en una loca de atar. En otras palabras, privar a un individuo de su libertad por un simple diagnóstico de un médico, sin realizarle ningún tipo de pruebas clínicas. Según el Diccio-nario de la lengua española, la sátira se define como un: “Discurso o dicho agudo, picante y mordaz, dirigido a cen-surar o ridiculizar” (RAE, 2015, p. 1478).
A partir de esta noción, se descubre cómo los enunciados fortalecen un discurso político ilegítimo con propósitos per-versos. Al inicio del cuento, se muestra una descripción de la acompañante del chofer que deja que María de la Luz se suba al automotor: “Una mujer que viajaba junto al con-ductor, de aspecto militar, pero de maneras dulces, le dio una toalla y una manta, y le hizo un sitio a su lado” (García, 2010, p. 33). Lo que hay que resaltar acá, para los intereses interpretativos, es que la acompañante tenía aspecto militar. Remite a un hecho histórico en la España franquista, el cual se evidencia en el artículo “La psicología en los campos de concentración de Franco” cuando:

Los brigadistas prisioneros del ejército de Franco que escapaban a la ejecución inmediata eran internados en campos de concentración. El principal era el de San Pedro de Cardeña, un monasterio medieval aban-donado, situado a unos 13 km al sureste de la ciudad de Burgos (Bandrés, J. y Llavona, R., 1996, p. 2).

Esta acompañante militar le brinda el distintivo particular a María de la Luz para parecerse, sin cuestionamiento alguno, a las otras ocupantes del autobús, las cuales permanecen en silencio, producto de los fuertes fármacos que se les su ministraron. Son la toalla y la manta las que provocan que el personaje protagónico sea incluido en el mundo de la “locu-ra” para librar al Gobierno de turno de todos los opositores posibles. En el instante en que María de la Luz entra al bus, su vida toma un giro drástico.
Inmediatamente, la mujer con aspecto militar deja a María de la Luz en la puerta del enorme edificio, y le grita a María: “Buena suerte” (García, 2010, p. 33). Esta oración deside-rativa es sumamente sarcástica y mordaz, por cuanto indica que María de la Luz necesita toda la suerte posible para salir bien librada de ese inhóspito lugar:

María empezó a correr hacia la entrada del edificio. Una guardiana trató de detenerla con una palmada enérgica, pero tuvo que apelar a un grito imperioso: «¡Alto he dicho!» María miró por debajo de la manta, y vio unos ojos de hielo y un índice inapelable que le indicó la fila. Obedeció (García, 2010, p. 33).

Se evidencia que, para María de la Luz, es imposible escapar de este lugar. Su calvario acaba de iniciar. Ya no es indiferente ante las empleadas del manicomio. La figura de prisio-nera ya está institucionalizada entre sus compañeras. Es una más de las internas del lugar y, por lo tanto, debe acatar las órdenes inmediatamente. Ya esta cita muestra un discurso controlador y dominante, donde no hay derecho para ningún tipo de reclamos o reproches por las conductas que se les imponen a las mujeres. El uso de las sinécdoques “ojos de hielo” e “índice inapelable” fortalecen la idea de un patrón conductual institucionalizado, un protocolo para avasallar a toda costa a las internas. Asimismo, el enunciado “alto he di-cho” connota un discurso de orden y dominio absoluto sobre un sujeto. No hay posibilidad alguna de apelar. Se anula al individuo completamente.
Otro enunciado donde se nota el marcado nivel de autoridad y sometimiento es el siguien-te: “[…] recorrió la fila comparando una lista con los nombres que las recién llegadas tenían escritos en un cartón cosido en el corpiño” (García, 2010, p. 34). En esta cita, se muestra un referente histórico semejante al sufrido por los judíos durante la II Guerra Mundial, al tener una marca adherida a su cuerpo como símbolo de una etnia. En el caso del cuento, ese cartón cosido es lo único que las identifica como personas; pero María, por desgracia, no porta dicho documento. Por lo tanto, como ella ingresó en el autobús con las otras mujeres desquiciadas, se le incluye en ese mismo grupo de manera inmediata. Esta es otra prueba, según lo evidencian Javier Bandrés y Rafael Llavona (1996), de que: “[…] la psicología cien-tífica podía ponerse al servicio de cualquier ideología, incluyendo las totalitarias” (p. 10). 
En una situación normal, el empleado busca cómo identificar al paciente y lo excluye de los demás; pero aquí, mediante la estrategia de la ironía, se rompe con la realidad establecida y, sin más que discutir, envían a María de la Luz Cervantes como una más de las integrantes del dormitorio de pacientes psiquiátricos. 
Otro argumento fehaciente observado en este tipo de manicomios es la utilización de tra-tamientos inhumanos para domesticar y controlar a las internas, provocando así, graves daños y violaciones a los derechos constitucionales como ciudadanos libres de esa nación ibérica: 

Algo sucedió entonces en la mente de María que le hizo entender por qué las mujeres del autobús se movían como en el fondo de un acuario. En realidad, estaban apaci-guadas con sedantes, y aquel palacio en sombras, con gruesos muros de cantería y escaleras heladas, era en realidad un hospital de enfermas mentales (García, 2010, p. 34).

María se percata de encontrarse ante un grupo de mujeres robotizadas por la enorme cantidad de fármacos que se les suministran. Además, están encerradas en dormitorios colec-tivos, víctimas de tratamientos inescrupulosos para evitar que escapen: adormecimiento mental y físico mediante numero-sos medicamentos. La metáfora “palacio en sombras” remi-te, finamente, al manicomio-cárcel donde llevaron a María de la Luz.
Luego, en el siguiente enunciado se evidencia otra prueba del discurso político ilegítimo: el discurso médico subjetivo como aliado de los grupos elitistas:

Esa misma tarde María fue inscrita en el asilo con un número de serie, y con un comentario superficial sobre el enigma de su procedencia y las dudas de su identi-dad. Al margen quedó una calificación escrita de puño y letra del director: agitada (García, 2010, p. 35).

Sin ningún tipo de análisis previo o exámenes psicológicos hechos a la paciente, se le asigna un simple número de iden-tificación a María de la Luz; la cosifica aún más, al quedar con-vertida en una estadística cualquiera. María de la Luz pierde su humanidad y viene a convertirse en un dato numérico más en una “institución mental” establecida por este gobierno dictatorial. Lo peor queda para el final del enunciado, por cuanto el médico, director del manicomio, solamente se dig-na a colocar un comentario superficial sobre el origen de esta mujer. García Márquez construye este cuento mediante el absurdo o lo irracional, ya que cualquier lector cuestionaría todos los “procedimientos” que se están llevando a cabo en este lugar para el diagnóstico de los pacientes. 
También, se muestra el curioso adjetivo que le endilga el psiquiatra a María de la Luz: “agitada”. No hay ninguna ex-plicación clara y concisa que sirva para entender cómo una persona puede ser recluida en una institución mental por un diagnóstico tan parco y con tan débil criterio médico. Esto remite a que no es una arbitrariedad por parte del director del manicomio, sino de una autoridad mayor a él, que le da órdenes directas para controlar a ciertos individuos antóni-mos con las ideologías gubernamentales vigentes. En la cita anterior, quedan al desnudo los roles de poder ejercidos en estas instituciones al servicio de instancias que están necesi-tadas de apoyo para deshacerse de grupos opositores que intentan derrocar a la clase autoritaria. 
A continuación, se expone una pista muy importante para argumentar la tesis. El discurso político inferido en estos enunciados apunta a una época de dolo inmenso para la sociedad española: la dictadura de Francisco Franco, donde fueron encarcelados, injustamente, ciudadanos por el sim-ple hecho de no apoyar la ideología de este autócrata. Se contempla la cruenta realidad de las internas cuando descri-ben su lugar de convivencia: “[…] María preguntó con voz suficiente para que la oyera su vecina de cama: –¿Dónde es-tamos? La voz grave y lúcida de la vecina contestó: –En los profundos infiernos” (García, 2010, p. 37). Es terrible imagi-narse la situación que viven las mujeres que están recluidas en este lugar. Tal es el caso de María de la Luz, quien fue enclaustrada sin posibilidad alguna de salir y sin una justifi-cación válida y confiable de su situación médica.
Existe una prueba histórica, según lo indican Ricardo Cam-pos y Ángel González de Pablo (2017), en donde explican la mancuerna que se manifestó entre la psiquiatría y el poder político franquista para minar a los opositores:

Es precisamente en este terreno donde la historiogra-fía mantiene un alto contenido político, en ocasiones más próximo a la denuncia que el trabajo meticulo-so, como lo es el caso de la obra de González Duro, Los psiquiatras de Franco, publicada en 2008. Dual-de Beltrán ha señalado que la falta de una adecuada contextualización histórica de los estudios, indicando que redundarían, como en el caso de González Duro, en la idea de que las propuestas eugenésicas de los psiquiatras franquistas serían una suerte de teoría psi-quiátrica ex nihilo, puesta al servicio de la ideología (p. 2).

Lo anterior se observa claramente cuando una de las mujeres del manicomio da una peque-ña pista del lugar donde se encuentra este infierno en la Tierra: “–Dicen que esta es tierra de moros –dijo otra voz distante que resonó en el ámbito del dormitorio-. Y debe ser cierto, porque en verano, cuando hay luna, se oyen los perros ladrándole al mar” (García, 2010, p. 37). Es interesante cómo este detalle geográfico (Asturias) coincide con las ubicaciones reales de estos lugares de tormento que fueron implementados por el régimen franquista para controlar a todo aquel que se atreviera a desafiar su discurso prepotente y autoritario.
Se nota el discurso hegemónico político del franquismo que se valió de estrategias religio-sas para mantener a raya a sus opositores, de manera que el discurso eclesiástico, hallado en el cuento de García Márquez, se convierte en un pequeño paliativo para el lúgubre abis-mo donde se encuentran encerrados estos ciudadanos: “Al principio se resistía a las horas canónicas con su rutina bobalicona de maitines, laúdes, vísperas y otros oficios de iglesia que ocupaban la mayor parte del tiempo” (García, 2010, p. 37). Este discurso religioso intenta adormecer las mentes de las mujeres que están en el manicomio para controlarlas.
Entre las innumerables torturas que recibieron estos presos políticos estaban: los electros-hocks, los baños de agua fría y las inyecciones con trementina, como se nota a continuación cuando María de la Luz se rebela contra la autoridad del manicomio: 

No obstante, la arrastraron hasta el pabellón de las locas furiosas, la aniquilaron con una manguera de agua helada, y le inyectaron trementina en las piernas. Impedida para caminar por la inflamación provocada, María se dio cuenta de que no había nada en el mundo que no fuera capaz de hacer por escapar de aquel infierno (García, 2010, p. 38).

Los partidarios franquistas llegaron a permitir dichas atrocidades en los diferentes sana-torios a lo largo de España para impedir que los reclusos políticos escaparan, según lo acotan Ricardo Campos y Ángel González de Pablo (2017):

Las investigaciones sobre algunos manicomios y sobre el tratamiento de las en-fermedades mentales durante la Guerra Civil y el primer franquismo han permi-tido matizar las afirmaciones generales sobre su escasa importancia, al poner de relieve a través del estudio de historias clínicas la existencia más o menos precaria de una asistencia psiquiátrica y de una práctica clínica que utilizaba un arsenal terapéutico tanto físico y químico como coercitivo (p. 3).

En la trama del cuento, se encuentra el discurso médico negligente que apoya el des-enfreno que realiza el régimen político de turno: “Nadie sabía de dónde llegó, ni cómo llegó, ni cuándo, pues el primer dato de su ingreso era el registro dictado por él cuan-do la entrevistó. Una investigación iniciada el mismo día no había concluido en nada” (García, 2010, p. 38). Es ridículo pensar que no exista un estudio serio para poder dictaminar si una paciente puede permanecer en un manicomio o no. Se sobreentien-de que hay derechos constitucionales mínimos para evitar que cualquier diagnóstico, a la ligera, le permita a un grupo político o a un médico privar completamente de su libertad a cualquier individuo en una sociedad; por lo tanto, lo expuesto anteriormente brinda más firmeza para pensar que María de la Luz Cervantes es una víctima política más del Gobierno franquista. Todo lo que le ocurrió fue un vil atropello para eliminarla del mapa social rotundamente.

El mismo psiquiatra mediocre y sin escrúpulos le indica al esposo de María que, en algunas ocasiones, las enfermedades surgen en la etapa madura del sujeto. En este cuento se manipula de acuerdo con las directrices de las autoridades del manicomio la petición de María de la Luz, de solicitar un teléfono para hacerle una llamada a Sa-turno. Es a partir de esta simple petitoria (“solo vine a hablar por teléfono”) que se le tilda de obsesiva, loca y demente. Sin haberle preguntado absolutamente nada por su pasado o de dónde venía. Sin tener el mínimo conocimiento de su historia de vida. 
El lenguaje fino y bien construido del autor colombiano para mantener en vilo al lec-tor ante el absurdo de los hechos desarrollados se evidencia completamente en el siguiente enunciado: 

Hay conductas que permanecen latentes durante muchos años, y un día estallan, dijo. Con todo, es una suerte que haya caído aquí, porque somos especialistas en casos que requieren mano dura. Al final hizo una advertencia sobre la rara ob-sesión de María por el teléfono. ––Sígale la corriente –dijo (García, 2010, p. 39).

El título del cuento es una premonición de todo lo que sufrirá María de la Luz Cervan-tes en este manicomio. Este enunciado lingüístico, a nivel perlocutorio, no produce el efecto deseado que añora María de la Luz, debido a que esta solicitud será la “sinto-matología idónea” para catalogarla de “lunática”.
María de la Luz no concibe que su esposo la crea loca, a partir de todas las mentiras que le han construido vilmente. Su desesperación explota al saber que permanecerá muchos años recluida en este lugar de tortura:

––¡Por Dios, conejo! –dijo, atónita–. ¡No me digas que tú también crees que es-toy loca! –¡Cómo se te ocurre! –dijo él tratando de reír–. Lo que pasa es que será mucho más conveniente para todos que sigas por un tiempo aquí. En mejores condiciones, por supuesto (García, 2010, p. 39). 

Ya para este punto de la narración, María de la Luz sabe que nunca saldrá de ahí. Y el único ganador es el régimen dictatorial de Franco. La mejor prueba de la falsedad e ilegitimidad del discurso de la élite es donde el narrador indica, en un momento de la trama textual, que María nun-ca estuvo “loca”: “María interceptó la señal, miró hacia atrás, y vio a Herculina en la tensión del asalto inminente. Entonces se aferró al cuello del marido gritando como una verdadera loca” (García, 2010, p. 39). Con el uso del símil “como una verdadera loca”, permite descubrir el narrador, por descuido o intencionalmente, que María fue encerrada injustamente, sin una razón de peso para confinarla a una muerte en vida, por cuanto su “locura” es producto de una expresión lingüística, exclusivamente, y de un juicio de valor malintencionado. En ningún momento María de la Luz Cervantes perdió su cordura, fue perjudicada vilmente por intereses políticos de unos cuantos políticos inescru-pulosos.
Otros dos enunciados sustentan que el sistema gobernan-te inflige perjuicio sobre sus antagonistas: “La sala de visitas, mezcla de cárcel y confesionario, era el antiguo locutorio del convento” (García, 2010, p. 39). En este pa-saje del cuento se aclara el espacio en el que habitan estas mujeres: una cárcel. Lugar, muy distinto, a un típico manicomio. Se resemantiza el espacio de cautiverio como un sitio para privar de libertad a otro tipo de personas, ya no enfermos mentales, sino individuos opuestos al sis-tema. Los detractores del Gobierno son enviados a estos purgatorios para no causar problemas a lo interno de la sociedad española. 
Finalmente, una exnovia de Saturno, quien todavía le lle-va cigarrillos a María de la Luz, confirma que María nunca estuvo loca: 

Ella le contó que había seguido llevándole los ciga-rrillos a María, siempre que pudo, y resolviéndole algunas urgencias imprevistas, hasta un día en que sólo encontró los escombros del hospital, demolido como un mal recuerdo de aquellos tiempos ingratos. María le pareció muy lúcida la última vez que la vio, un poco pasada de peso y contenta con la paz del claustro (García, 2010, p. 40). 

El hecho de que María de la Luz estuviera tranquila y se-rena, luego de tantos años encerrada (como lo señala el narrador: “Como un mal recuerdo de aquellos tiempos in-gratos”), es producto de todo ese plan de contingencia que desarrolló el sistema político para someter cualquier tipo de sublevación.
2.4. Estrategia de mediación
La estrategia de mediación empleada es un solapado y muy bien escondido discurso político, que se vale de otros aparatos ideológicos del poder (como el discurso médico) para perpetuarse y eliminar a todos sus enemigos. Inclu-sive a quienes sean apenas sospechosos. Todo esto, para continuar controlando un país y perpetuarse en el poder indefinidamente.

3. CONTEXTO
3.1.  Prácticas discursivas

Las prácticas evidenciadas a lo largo del cuento de Gabriel García Márquez son indiscutiblemente de corte político, se tejen en el texto con la intención de mostrar la crueldad y la deshumanización ejercida contra los ciudadanos de su país por parte de los grupos aliados a Francisco Franco.

3.2.  Implicaciones políticas y sociales

Las implicaciones de este discurso político son muy serias, destruyeron familias en-teras sin arrepentimiento alguno. Se valieron de una opción médica para internar a personas inocentes en lugares de donde nunca saldrían. Los dictadores se valieron de cualquier método para mantener el poder absoluto. A nivel social, tal vez nun-ca se sabrá cuántas víctimas cobró el Gobierno de Francisco Franco a lo largo de los años de su vigencia. Los historiadores han desentrañado lo ocurrido en estos manicomios. Han mostrado al mundo la verdadera cara de estas instituciones y la funcionalidad para beneficiar la élite dominante de la época.


3.3.  Tipo de sociedad 

En síntesis, se concluye que la panorámica social está supeditada a los caprichos de un grupo dominante. Es una sociedad que no muestra la menor compasión por sus conciudadanos. Aunque en el cuento se indica que María de la Luz Cervantes es mexicana, no existe el menor respeto por los derechos universales que tienen todos los seres humanos, tales como la integridad personal, el derecho a la ino-cencia y la libertad de tránsito. El único objetivo de la dictadura es perpetuarse en el poder a toda costa. Por último, se rescata la inoperancia profesional de los “médicos” que trabajan en estos sanatorios. A muchos de ellos no les interesó condenar personas mediante una paupérrima justificación sobre su estado de sa-lud. De esta manera, se evidencia cómo algunos aparatos ideológicos del Estado coadyuvan a fortalecer los intereses de unos pocos.

4. CONCLUSIONES

En el cuento “Solo vine a hablar por teléfono” se percibe el andamiaje ideológico malévolo implantado por la dictadura franquista, con el único fin de invisibilizar radicalmente a los republicanos, quienes no compartían las ideas imperantes. Se observó, en la ficción de García Márquez, cómo el personaje de María de la Luz Cervantes es sometido sin cuestionamiento alguno por el psiquiatra, Herculina y el resto del equipo médico para retenerla contra su voluntad en un inhóspito ma-nicomio (se sepulta así, de manera simbólica, la vox populi, ante las imposiciones ideológicas de un sistema absolutista).
Cabe destacar que lo más valioso en la trama textual es evidenciar que cualquier régimen político totalitario en el orbe nunca traerá beneficios para la sociedad en la cual se asienta. Más bien, procura erradicar cualquier amenaza proselitista que pueda ocasionar perjurio contra alguno de sus proyectos. 
Finalmente, es relevante mencionar que, dentro de la ficción narrativa, se esconde ese discurso del poder político histórico del franquismo que buscó mantener el control sobre toda la población española en un momento determinado, con el empleo de cualquier estrategia punitiva para nunca abandonar su posición privile-giada sobre el conglomerado.

  • Bandrés, J. y Llavona, R. (1996). La psicología en los campos de concentración de Franco. Phsi-cotema, 8 (1): 1-11. Recuperado de http://www.psicothema.com/psicothema.asp?id=1
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  • García, G. (2010). Doce cuentos peregrinos. Madrid: Editorial Mon-dadori.
  • Pardo, N. (2011). Análisis crítico del discurso: Conceptualización y desarrollo. Cuadernos de Lin-güística Hispánica (N.° 19), pp. 
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  • Platas, A. (2004). Diccionario de términos literarios. Madrid: Edito-rial Espasa Calpe.
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  • Van Dijk, T. (2009). Discurso y po-der. Barcelona: Editorial Gedisa.
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