Colegio de Licenciados y Profesores en

Letras, Filosofía, Ciencias y Artes Costa Rica

La Campaña Nacional

Contacte al Autor: Arias Sánchez, Raúl Francisco

“Aquí en Sarapiquí celebran unos de esos pleitos con los gringos… se van con los botes por el río y llegan hasta el San Juan…” interrumpía uno de mis estudiantes cuando estaba explicando el tema de la Campaña Nacional 1856-1857, en mi primer año como docente hace más de una década, en el CTP de Puerto Viejo de Sarapiquí. Agradecí su aporte y seguí explicando la importancia de las Batallas de Santa Rosa y de Rivas para la historia en cuanto a la consolidación de la libertad y la soberanía nacionales. 

Sin embargo, esas palabras me dejaron la inquietud de saber a cuál batalla o batallas estaba haciendo referencia ese estudiante. Si es cierto, deben de ser las batallas que se desarrollaron en la segunda fase de la Campaña Nacional y en lo que respecta a la toma de la Vía del Tránsito –trataba de deducir, al darme el indicio el estudiante cuando mencionó al río San Juan–. 

Buscando información con miembros de la comunidad de Puerto Viejo para tratar de esclarecer esa gran duda que había surgido, y conversando con varias personas líderes de diversas comunidades, me entero de que se trataba de las Batallas de Sardinal y de La Trinidad, correspondientes a la I y II fase de la Campaña Nacional, respectivamente. 

Pero, ¿por qué desconocía esa parte de la historia local de una región y que indudablemente forma parte de nuestra historia nacional? Reflexionando  empecé a darme una serie de respuestas: la primera fue que en mi formación como docente no se me había instruido en la historia de la II fase de la Campaña Nacional. La segunda consistió en que definitivamente me hacía  falta una de esas partes fundamentales de la labor docente que es la autoformación y que, por ende, no había investigado lo necesario en relación a la temática y el contexto histórico y cultural de la comunidad en que me estaba desempeñando como profesor de secundaria. La tercera respuesta que vino a mi mente fue que indudablemente también la historiografía y la educación oficial se han encargado de reproducir, a través de los tiempos, que la Campaña Nacional se resume solamente en Santa Rosa y Rivas, dejando de lado el hecho de que dicha Campaña fue parte de un proceso más global y de que fueron varios los escenarios geográficos donde se desarrollaron batallas contra el filibusterismo y en donde varios hermanos costarricenses ofrendaron sus vidas por defender la soberanía nacional. 

Es indudable que desde hace muchos años, consecuencia en parte de algunos factores sociales, se ha degradado el sentido ideológico de la identidad nacional en el pueblo costarricense, perdiéndose la memoria histórica del ser costarricense como valor fundamental de la moral ciudadana, lo cual está repercutiendo en el replanteamiento y el rescate de la auténtica historia patria. 

Aleccionados como estamos a que la Campaña Nacional 1856-1857 se reduzca y se simplifique en extremo únicamente a, apenas, las batallas de Santa Rosa y de Rivas, e ignorando muchas otras de las batallas que se desarrollaron, se consideró necesario y pertinente que de parte del Ministerio de Educación Pública se abordara y/o se analizara La Campaña Nacional con un enfoque distinto al que ha venido transmitiendo la historia oficial; una historia que ha omitido acontecimientos relevantes para la historia patria y que por ende la comunidad estudiantil y comunidad en general desconocen. 

Partiendo de ese objetivo se elaboró la obra La Campaña Nacional 1856-1857 del historiador Raúl Arias Sánchez y mediada por el asesor Anger Smith Castro, la cual es como una historia animada que permite al estudiante aventurarse en los antecedentes y los acontecimientos de la guerra contra los filibusteros, de una manera ágil, clara y amena, mediante coloridas ilustraciones y agraciadas caricaturas que interpretan el texto histórico. 

Nos permite, a la vez, ejemplarizar que la educación debe ser entendida en el presente, desde el pasado y hacia el futuro; donde se hace un esfuerzo por integrar lo local, lo nacional y lo universal; una educación que construya nuestra identidad y pertenencia en un mundo globalizado.  

La particularidad del documento es el ser una historia recreada mediante caricaturas en la cual los personajes protagonizan sus roles históricos. La doble condición del autor de ser historiador especializado en el tema y caricaturista facilitó de forma determinante la concreción del proyecto, sin tener que pasar por la fase de contratación de un artista que interpretara los hechos históricos.

No cabe duda de la importancia del tema, renovado en su contenido y con una propuesta impresa, fresca e innovadora, que despierte el interés de los estudiantes por conocer y por rescatar nuestra historia patria, especialmente la heroica gesta de 1856 y los grandes patriotas, encabezados por el Presidente Juan Rafael Mora Porras, quienes salvaron a Costa Rica y Centroamérica de la esclavitud y el oprobio.

Desde el punto de vista eminentemente historiográfico, es decir, la percepción del historiador profesional, el documento es muy útil respecto de las ventajas de recurrir a nuevas herramientas metodológicas, para convertir las investigaciones en publicaciones realmente atractivas para las nuevas generaciones de estudiantes, acostumbrados al mundo de las imágenes gráficas como medio sustitutivo de los tradicionales formatos textuales, generalmente cargados de información textual, acompañado a lo sumo con algunas fotografías o esquemas, sin hacer ninguna diferencia entre un público meta adulto y la población estudiantil en edad adolescente. 

En la obra  se pueden distinguir seis partes. Las tres primeras tratan sobre las características físicas y geográficas de la Costa Rica de la época, el cómo y el por qué ocurrió la Campaña Nacional de 1856 y 1857 y la forma en que el país asumió la amenaza filibustera en Centroamérica. La cuarta parte, la más larga, está dedicada a la narración de los hechos con lujo de detalles, de las principales batallas tanto de la fase I como de la fase II de la Campaña Nacional. La quinta parte hace referencia a la situación que vivió nuestro país una vez acabada la guerra, especialmente con las diferencias políticas entre las familias más poderosas de Costa Rica. La sexta parte de la obra constituye una propuesta metodológica con una serie de estrategias o técnicas didácticas, cuyo objetivo principal es brindar a los docentes sugerencias para abordar este tipo de temáticas en el ambiente de aula.     

Arias hace una revisión bibliográfica, periodística y documental exhaustiva y actualizada, cuya información sintetiza de manera muy hábil y atractiva para el estudiante y el docente en un solo documento. A esto se añade su interés global por el tema de la guerra, lo que le permite orientarlo desde diferentes aspectos: bélicos, sociales, políticos y económicos. Estas perspectivas son reforzadas con una visión muy certera acerca de las relaciones internacionales, evidente tanto en la segunda como en la tercera parte de la obra, donde el autor hace un meticuloso análisis histórico y diplomático que introduce al lector en el conocimiento de los entretelones de dichas relaciones, ya que es indudable la necesidad de conocer y entender la política exterior para una interpretación pertinente del porqué del conflicto. 

También se debe destacar que las caricaturas elaboradas e incluidas en esta obra, en su mayoría, son fieles a los retratos de la época de cada uno de los personajes históricos y que en ningún momento fueron objeto de burla con la inclusión de rasgos en sus rostros de verrugas, callos u otras deformidades, principalmente en el caso de las caricaturas que hacen alusión a los filibusteros.  

Asimismo, se menciona una serie de personajes que la historia oficial ha mantenido en el anonimato o que no aparecen del todo en los libros de texto que utilizan los estudiantes, como lo son: el Padre Calvo, el Dr. Karl Hoffmann, Espíritu Santo Espinoza, Luis Molina Bedoya, coronel Pierre Barillier, teniente coronel Rafael Orozco, Francisco María Iglesias, capitanes Antonio Valla Riestra y Sylvanus Spencer, Cornelius Vanderbilt, entre muchos otros, de los cuales se conoce muy poco de su participación en la gesta heroica.

La obra La Campaña Nacional 1856-1857 también tata de desmitificar una serie de versiones históricas que ha asumido la Historia tradicional y que se ha enseñado a lo largo de los años con respecto a este hecho histórico.

En primer lugar se decide escoger a un soldado sarapiqueño que participó en la guerra contra los filibusteros como el narrador principal de la obra, con la intención de hacer ver al lector que fueron miles de costarricenses los que participaron de la Campaña Nacional y que son muchos los héroes que merecen también ser reconocidos como tales. 

En segundo lugar se incluye el análisis de varias batallas más que se desarrollaron en la Campaña Nacional, como el caso de la Batalla de Sardinal, La Trinidad, Toma de los Vapores, la Toma del Fuerte de San Carlos, etc.,  alejándose de la versión histórica de que esta se reduce solamente a las Batallas de Santa Rosa y de Rivas y que la misma terminó con el triunfo costarricense en Rivas. 

Otro elemento que en esta obra se trata es el error o incorrección de que el Mesón de Guerra sea concebido como una fortaleza, siendo realmente un inmueble del señor Francisco Guerra, el cual se utilizaba como alojamiento ocasional para viajeros y de ahí que se le designara como “mesón” (“de Guerra” por el apellido de su propietario).  

Asimismo, en la obra queda claro que durante la Batalla de Rivas lo que se dio fue una quema parcial del Mesón mediante la hazaña de nuestro héroe nacional Juan Santamaría y no un incendio total del mismo, como lo dramatizan en la mayoría de las escuelas y colegios del país. 

La versión de que Costa Rica fue a la guerra con un ejército mal equipado, con machetes y armas rústicos y en mal estado, es otro de los aspectos que se tratan de desmitificar, ya que está más que comprobado que el ejército nacional tenía toda una estructura militar con su respectiva jerarquía y armamento moderno comprado a Inglaterra, que comprendían fusiles Enfield 1853 con bala Minié.

Otro elemento a destacar de la obra es que en ella está intrínseco el rescate de la historia local, debido a que de una u otra forma se tratan de revitalizar las batallas desarrolladas en el cantón de Sarapiquí dentro del marco de La Campaña Nacional 1856-1857. Es digno de destacar porque hablar de historia local y de identidad es hablar sobre nosotros y nuestra historia, esa historia que se preocupa de personas y agrupaciones que viven en un mismo territorio; lo que rompe con el paradigma de la Historia económica y política de los grandes procesos, que dejó fuera la historia oculta de los sujetos históricos comunes, que tienen mucho que aportar para la comprensión de las identidades nacionales.  

Esta obra también nos permite realizar un abordaje intercultural, porque nos ayuda a preparar a los estudiantes con las estrategias y recursos para conocer la diversidad y las diferencias en sus entornos, a distinguir y analizar las desigualdades inherentes a esas diferencias, criticar esa desigualdad y construir propuestas de transformación, así como la generación de competencias comunicativas que les permitan trabajar en equipo. 

En fin, ¿qué objetivos persigue el autor? Arias busca resaltar cinco aspectos: 
•    la desmitificación de varios hechos históricos que ha venido reproduciendo la Historia tradicional; 
•    la importancia que tienen las percepciones de las partes enfrentadas en una crisis; 
•    la relevancia del rol de las personalidades individuales, porque a pesar de que la obra busca reconocer a todos los sujetos que participaron de la guerra, llamándolos a todos héroes, el autor insiste en el liderazgo ejercido por algunos personajes como es el caso del expresidente Juan Rafael Mora Porras, quien es mencionado aproximadamente en 83 ocasiones; 
•    la necesidad de desentrañar la combinación específica de factores desencadenantes que proporcionan el impulso decisivo para un conflicto y finalmente brindar a los docentes y estudiantes una propuesta metodológica que facilite el abordaje de este contenido de los Programas de Estudio de la asignatura de Estudios Sociales en el ambiente de aula. 

En conclusión, la obra de Raúl Arias plantea nuevas interrogantes que ayudarán a seguir avanzando en los estudios sobre la Campaña Nacional 1856-1857, además de brindarnos un texto más dinámico y atractivo que invita a la lectura y a una mejor comprensión del hecho histórico que aquí se trata. Incluso se puede decir que el contenido de cada una de las partes mencionadas anteriormente ameritaría una reseña por la riqueza de la información, la abundancia de fuentes y la  bibliografía.

Conocer, entender y transmitir nuestra historia local y nacional en el currículo escolar es elemental, porque permite que los estudiantes, de cualquier nivel o ciclo educativo, comprendan quiénes son, cómo se los define socialmente, y cómo es y cómo funciona la sociedad en que viven. Este contexto o hábitat designa una manera de ser, una inclinación a actuar de determinada forma, que los diferencia y les entrega una riqueza cultural que les permite tener una mejor integración social y cultural.

Es a partir de ese reconocimiento y entendimiento de las identidades, así como de las diferencias en las interrelaciones cotidianas, que los centros educativos deben promover la formación de ciudadanas y ciudadanos plurales, donde tanto docentes como estudiantes reflexionen sobre la relevancia para la sociedad de ser respetuosos y promotores de los Derechos Humanos; y que a la vez puedan participar activamente de procesos que van dirigidos hacia el cambio de los diferentes contextos comunales, locales, nacionales y globales en que viven diariamente. 

Por ello es fundamental educar en valores de pertenencia, en el amor hacia lo comunal y lo nacional, en términos de integración social, donde la historia local y nacional contribuyan al desarrollo de actitudes en correspondencia con valores como la solidaridad, la cooperación, la ayuda mutua, el orgullo por el terruño y, por supuesto, el amor a la patria. 

Anger Smith Castro
Asesor Nacional Estudios Sociales
Departamento de Educación Intercultural 
Ministerio de Educación Pública 

Sección Documentos
Nadie puede alegar ignorancia de la ley

El artículo 129 de nuestra Carta Magna establece que “Las leyes son obligatorias y surten efectos desde el día que ellas designen; a falta de este requisito, diez días después de su publicación en el Diario Oficial. Nadie puede alegar ignorancia de la ley, salvo en los casos que la misma autorice”. ¿Habrá alguna ley que nos permita alegar ignorancia de esa u otras leyes? Posiblemente no.

Existe la tesis de la obligación de conocer las leyes. Esto es, estamos obligados a estudiarlas puesto que las hemos de cumplir; el que omite ese deber incurre en negligencia y ha de asumir las responsabilidades de su conducta. Un refuerzo de este punto de vista lo constituye la teoría de la publicación de las leyes aprobadas, según la cual ese acto de publicidad es lo que permite que toda persona interesada pueda conocerlas, y a partir de ese momento, opera la obligación de cumplirlas.

De acuerdo con lo anterior, por ejemplo, se debería saber que desde el 12 de mayo del año en curso rige la Ley N° 9236, que se refiere a la Aprobación del Tratado de Extradición entre la República de Costa Rica y la República del Perú. También se deberían conocer otros cuantos miles de leyes para cumplir con el deber cívico, según nuestra Constitución Política.

Una de las leyes más ignoradas
Junto a la gran cantidad de leyes que tenemos y de las que nos jactamos los costarricenses –aquí hay una ley para todo–, existen muchas que son ignoradas, no solo por los ciudadanos, sino por las instituciones que deben aplicarlas. Este es el caso, por ejemplo, de la Ley 7623, denominada “Ley de Defensa del Idioma Español y Lenguas Aborígenes Costarricenses”, que data de setiembre de 1996 y cuyo Reglamento no se publicó sino hasta el año 2008. Esto es, se publicó doce años después.

Los desconocedores, en este caso, son el Ministerio de Cultura y Juventud y setenta y nueve de nuestras ochenta y un municipalidades, distribuidas en todo el territorio nacional. Estas instituciones públicas no saben que existe la mencionada Ley, o lo saben pero no les interesa su aplicación. Ello se desprende del hecho de que no existe una Comisión Nacional y de que solamente hay dos comisiones cantonales establecidas. Lo anterior, suponemos, porque la defensa implica, de acuerdo con la norma, la creación y el funcionamiento de comisiones, asignar presupuestos, crear responsabilidades y mucho trabajo más…

Se ignora también lo nuevo
La Real Academia Española (RAE) publicó en el 2010 una nueva Gramática y una nueva Ortografía. De esto el MEP, en cuatro años, no ha mencionado absolutamente nada. En otras palabras, no se conoce ninguna directriz del “ente rector” referida a este tema. Los profesores de Español que conocen “algo” de la nueva gramática es porque el asesor de capacitación promovió cursos sobre esta novedad, patrocinados por el Colegio de Licenciados y Profesores en Letras, Filosofía, Ciencias y Artes (Colypro) o porque los educadores, en forma individual, se han preparado. Pero, de todas formas, lo más nuevo de nuestra lengua no se puede aplicar en las aulas, porque no es oficial, todavía.

La nueva ortografía de la RAE está proponiendo, entre otras novedades, un abecedario con un solo nombre para cada letra y que sea común en todo el mundo hispano. La propuesta tiene la finalidad de armonizar su denominación.
•    B. Su nombre es “be”. Hay que desechar “b alta, b larga o b de burro”.
•    Se desechan los dígrafos ch y ll, precisamente por esa condición.
•    I. Esta letra se llama solamente “i”. Hay que olvidar lo de “i latina”.
•    R. Esta se llama únicamente “erre”. Todavía algunos la enseñan –y la pronuncian– como “ere” o “erre”, dependiendo del lugar que ocupe al inicio, dentro (entre vocales, entre vocales y consonantes) o al final de palabra.
•    V. Esta es la “uve”. Se solicita desechar “b baja”, “b corta”, “b pequeña” y “b de vaca”.
•    W. La doble uve o uve doble es el nombre de esta letra. Se propone desechar el nombre “doble u”, que es influencia del inglés. Casi todos pronuncian “triple doble u” cuando se refieren a una dirección electrónica (www).
•    Y. La “ye”, usualmente es llamada “i griega” (y). Es común escuchar: ¿Su nombre se escribe con “i latina” o con “i griega”? Lo mismo ocurre con las bifurcaciones de los caminos que tienen esa forma.

La educación es un trabajo de todos
La formación del ciudadano, en casi todos los campos, está influida por la familia, la comunidad, la escuela y los medios de comunicación colectiva, entre otros. 

En el campo de la comunidad, las instituciones de prestigio como las municipalidades, los bancos y las instituciones públicas (tribunales, ministerios), entre otras, tienen gran credibilidad. La confianza de los usuarios se manifiesta no solamente en los servicios que estas entidades prestan, sino también en lo que escriben, aunque esa no sea su especialidad. Así, los yerros en el idioma en que estas instituciones incurren tienden a ser más “creíbles” que los que se ven, por ejemplo, en los pequeños comercios, en la carnicería o en la soda del barrio.

En la era de la tecnología, el papel de los medios es impactante. El aprendizaje de nuestra “lengua materna” no escapa a ello: en tanto en las aulas se enseña una regla idiomática una vez al año, la televisión lo hace, a la inversa, cientos o miles de veces. Por ejemplo, el programa “La pension” (sic) lleva tres lustros al aire, sin que les alcance la tinta para escribir una tilde en su nombre. Caso contrario: por varios años en “Sábado felíz” (sic) la tilde era más grande que la i.

Lo mismo ocurre, cotidianamente, con los “textos explicativos” que se escriben en la parte inferior de las pantallas de los noticiarios, con errores garrafales de ortografía. Asimismo abundan los yerros de todo tipo que se transmiten en la publicidad o en los artículos periodísticos que escriben profesionales en varios campos pero no muy duchos en español.

El lenguaje inclusivo
La tendencia a querer incluir a los interlocutores, de ambos sexos, en nuestra escritura o en el mensaje oral hace que se incurra en desafortunados gazapos. Hay muy pocas palabras que se prestan para ello: “las y los costarricenses”, “las y los pobres”, “las y los estudiantes”…

Esta preferencia en el uso del lenguaje complica y multiplica las palabras en lugar de contribuir con la economía de este. Con esa tendencia, en un texto como “todos sabemos que los niños, gustosos, se ayudan los unos a los otros”, debería escribirse: “todos y todas sabemos que los niños y las niñas, gustosos y gustosas, se ayudan los unos y las unas a los otros y a las otras”. O bien se puede acudir al adefesio siguiente: “Todos(as) sabemos que los(as) niños(as), gustosos(as), se ayudan los(as) unos(as) a los(as) otros(as)”. 

Los que proponen este estilo olvidan que unas palabras modifican a las otras y devienen errores no calculados: “Señores padres y madres de familia: a partir de esta hora…” se lee y se escucha, todos los días, a las diez de la noche, en todas las televisoras de nuestro país. Aquí resulta que “señores” modifica a padres y a madres, así como “de familia” modifica a ambos. Ergo, no es correcto el vínculo “señores madres de familia”, que se saca por lógica. Hasta nuestro Presidente-educador y nuestra Ministra de Educación incurren en yerros como “señoras y señores diputados, las y los educadores, las y los funcionarios”. Aquí no existen “señoras diputados”, “las educadores” ni “las funcionarios”.

El esnobismo en el lenguaje
El primer desastre idiomático lo constituye una tendencia a imitar, en la escritura, aquello que se considera “distinguido”, como insertar anglicismos en donde no hacen falta, pues tenemos un idioma tan variado en sinónimos y tan rico en su vocabulario que sobran opciones para escoger. Sin embargo, muchos periodistas tienen esa predilección y creen que con destacar tales palabras (entre comillas o forma diferente de letra) se subsana el asunto. No hay forma de que entiendan la importancia de conservar y fortalecer nuestro español. Los secunda el comercio, con los nombres de los establecimientos o con los anuncios comerciales. Por ejemplo, ya no hay en las tiendas lo que conocíamos como promociones, descuentos, ofertas o baratillos: ahora todo es “SALE”.

La segunda calamidad idiomática la integran los ministerios e instituciones públicas (no se sabe si tienen alguna “directriz”) que escriben sus siglas con letras minúsculas, a contrapelo de lo que establece la normativa. Según el Diccionario Panhispánico de Dudas (2005), las siglas se deben escribir con mayúsculas, si tienen hasta cuatro letras: UCR, UNA, C.C.S.S, MTSS. Si tienen más de esa cantidad, solamente se escribirán con mayúscula sus letras iniciales: Japdeva, Setena, Unesco, Unicef. Pero aquí, alguien inició la “moda” de las letras minúsculas y muchos la siguieron. Así tenemos: aresep, ina, ice, imn, mideplan, micitt, mh, minae y mopt, entre muchas otras. 

Las más “coquetas”, visualmente, son: el mep, con una suerte de diéresis sobre la m, y la Universidad Técnica Nacional (uTn) que combina las letras, en donde la T en mayúscula parece que “cobija” a las otras dos acompañantes, en minúscula. También destaca el MINISTERIO DE cultura y juventud que escribe todas las palabras de su nombre con esa mezcla tan llamativa.

Una ley protectora del español
“Si nuestro idioma oficial es el español, según se establece en nuestra Carta Magna, no es extraño que exista una ley, entre miles, que busque protegerlo”. Así pensaba un asesor de español a quien, un día de tantos, por casualidad y sin recordar cómo, le cayó en sus manos la Ley 7623 y su Reglamento. Le llamó la atención su artículo cuarto que se refiere al uso del español: “Las normas prosódicas, ortográficas y gramaticales de la lengua española serán de uso obligatorio en la Administración Pública, la cual deberá prever el asesoramiento y los mecanismos necesarios para cumplir con esta disposición”. (Lo destacado no es del original). Asimismo, en su artículo siguiente señala quiénes deben velar por su cumplimiento: “Para proteger el idioma español, créase la Comisión Nacional para la Defensa del Idioma, como órgano de desconcentración máxima, adscrito al Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes”. (Lo destacado no es del original).

¿Quiénes serán los defensores del idioma?
El Reglamento señala que “La Comisión Nacional estará integrada por un representante de cada una de las siguientes instituciones:
•    Ministerio de Educación Pública
•    Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes
•    Academia Costarricense de la Lengua
•    Universidades estatales, seleccionadas por el Consejo Nacional de Rectores y
•    Asociación Costarricense de Filólogos”.

Este mismo artículo señalaba quiénes deberían integrar la Comisión Nacional y las comisiones cantonales: “Los representantes deberán ser profesionales con el grado mínimo de licenciatura en Filología Española, Lingüística o Enseñanza del español. De no ser posible cumplir con este requisito, podrán ser nombrados escritores o personas con amplio conocimiento de la lengua española. Los miembros de la Comisión permanecerán cuatro años en sus cargos, podrán ser reelegidos y elegirán un Presidente. Una vez designados los representantes, el Ministro de Cultura Juventud y Deportes los nombrará”.

¿Cuál es el espíritu de la ley?

Con la creación de esa Ley se pretende: 
•    “Promover el respeto a la diversidad lingüística.
•    Promover el uso correcto del idioma español y de las lenguas aborígenes costarricenses.
•    Apoyar las actividades de entidades públicas y privadas, tendientes a fortalecer la enseñanza y divulgación de la lengua española y de las lenguas indígenas costarricenses.
•    Promover el conocimiento de las similitudes y diferencias del registro oral y escrito de la lengua española, así como sus ámbitos de aceptación social.
•    Responder a las consultas de índole idiomática sobre las disposiciones de la Ley, que formulen personas físicas o jurídicas u organismos públicos o privados.
•    Conocer las infracciones previstas en la Ley y gestionar las sanciones pertinentes aplicando los principios legales de razonabilidad, proporcionalidad y protección al interés público, sin detrimento de las disposiciones vigentes en materia de propiedad intelectual.
•    Elaborar, ejecutar y evaluar su propio plan de trabajo anual, así como las directrices y políticas de trabajo tanto de la Comisión para la Defensa del Idioma Español y Lenguas Aborígenes Costarricenses, como de las Comisiones Cantonales”.

Antecedentes de la creación de la CADIE
Al haber tantos yerros idiomáticos por corregir, pensaba un quijotesco amigo, lo más acertado era proponerles a los concejales de la municipalidad de Alajuela crear la Comisión Alajuelense de Defensa del Idioma Español (CADIE) para que se encargara de esa tarea. Para tal propósito, lo más conveniente era plantear su integración con tres docentes de prestigio, conocedores del idioma y ciudadanos dispuestos a trabajar gratuitamente en defensa de nuestra “lengua materna”. Sin saber si existían las organizaciones indicadas en la ley, como Alonso Quijano, emprendió el camino…

Anécdotas de la CADIE

Las tres seleccionadas por el proponente fueron: Ani Brenes, conocida escritora y maestra jubilada, ganadora del Premio Carmen Lyra, Victoria Gaitán, profesora de Español del antiguo Colegio Universitario de Alajuela (hoy UTN), también pensionada, y Flora Jara, educadora y exconcejal, quien impartió español durante treinta años en el Instituto de Alajuela. Con estas personalidades, el éxito estaba asegurado. La propuesta fue aceptada con agrado por los ediles, máxime que entre ellos hay varios educadores. Pero, “el hombre propone y Dios dispone”: el día de la escogencia y de su respectiva juramentación, Victoria Gaitán no pudo presentarse. Ante esta situación, el proponente debió aceptar que lo incluyeran como miembro de la CADIE. En esa comisión municipal, el vicepresidente, Humberto Soto, también educador, decidió incorporarse.


Actividades en la ciudad de los mangos

Se propuso escoger una “mascota” y, como Alajuela es conocida como “la ciudad de los mangos”, lo usual hubiera sido representarse con esa fruta. No obstante, en una reunión con la vicealcaldesa Dinorah Barquero, se decidió que fuese no un mango, sino una manguita, en virtud de que el mayor número de las personas que nos enseñaron a leer y a escribir fueron maestras.

También decidieron confeccionar una “Boleta para corrección idiomática”, con el escudo de la municipalidad y su respectivo sello con la manguita como mascota. Cada integrante de la Comisión tiene su propio formulario para solicitar al infractor las correcciones idiomáticas que, a su entender, deben realizarse. Periódicamente los tres se reúnen para compartir sus experiencias y para planear actividades relativas a sus funciones. Así las cosas, pluma en ristre, los tres se desplazan por todos lados en defensa del español.

Para cumplir con el propósito de la divulgación, Radio Alajuela (1120 AM) transmite de lunes a viernes, tres veces al día, “Minuto del idioma”, espacio dedicado a brindar consejos idiomáticos a sus oyentes. Con esa misma función, se creó el “facebook” denominado “Comisión Alajuelense Defensa Español”. Asimismo, para anunciar lo nuevo de la RAE, se están instalando en varias instituciones llamativos carteles con esa finalidad y que están financiados por diversas empresas públicas y privadas. También se mantiene contacto diario con la Fundación del Español Urgente (Fundéu), organización española que trabaja en contacto con la Real Academia Española (RAE). La Fundación  ofrece, cotidianamente, valiosos consejos idiomáticos y divulga lo más novedoso de nuestro idioma.

La limpieza comienza por casa

La primera gran batalla idiomática fue, precisamente, contra la municipalidad. El alcalde tuvo la buena idea de instalar, en el parque Calián Vargas, frente al Santamaría, un enorme rótulo metálico con el nombre de la ciudad. Lo malo fue que la obra artística contravenía las reglas de nuestra lengua pues la palabra “alajuela” adversaba lo establecido para los nombres propios. La alcaldía adujo que era una obra artística y que, como tal, debía respetarse. Por otra parte, cientos de educadores presionaban para que se arreglara el gazapo: ¿Cómo enseñamos a nuestros alumnos que los nombres propios se escriben con mayúscula, si la alcaldía “enseña” lo contrario? Ante la divergencia, el Concejo votó nueve a dos a favor de instalar la A (mayúscula) inicial en el nombre de la provincia. Luego votó once a cero a favor de dar el contenido económico necesario para cambiar la controversial “a”. El trabajo se realizó, después de varios meses de tensa espera. Así inició la CADIE sus funciones: desde adentro y enfrentando al Alcalde. 

Una de las metas de la comisión municipal es que Alajuela, que es la segunda provincia en importancia del país, llegue a exhibir el primer lugar en el manejo correcto de nuestro idioma. Esto, por lo menos, en el cantón central, en su ayuntamiento y en las instituciones públicas que tienen credibilidad entre la ciudadanía.

El poder contra la razón

El MEP realiza, unas diez veces al año, pruebas para primaria, tercer ciclo y bachillerato. El responsable es el departamento popularmente conocido como “Control de Calidad”, que contrata a docentes de primaria y de secundaria como delegados ejecutivos y delegados de aula. Esto es, los responsables de recibir, custodiar, aplicar y devolver las pruebas que realizan los estudiantes. Las indicaciones para realizar esa labor están contempladas en sendos folletos o instructivos. El coordinador de la CADIE tuvo la “osadía” de señalarle al director de Control de Calidad que entre los dos instructivos había más de ciento ochenta errores idiomáticos, de todo tipo. Le envió una carta en la que le señalaba que como los folletos “van destinados a educadores y el remitente es Control de Calidad y que debe hacerle honor a su nombre, me atrevo a plantearle algunas mejoras idiomáticas para esos documentos”.

Los siguientes folletos se editaron sin ninguna falta, y el observador de los gazapos, que tenía más de quince años de ser delegado de aula, no volvió a ser nombrado como tal. Con el “derecho al berreo”, el afectado acudió, mediante carta explicativa, hasta al ministro del ramo, pero el asunto quedó como el tango aquel: “Silencio en la noche…” 

Los grandes se conocen por los pequeños detalles

A la cadena internacional “PriceSmart” se le hizo la observación de que la palabra “membresía”, que usan en su publicidad, aunque no estaba del todo mal escrita, es más correcta en la forma membrecía. Se les explicó que la terminación –sía era más usual en las palabras que finalizaban con –es: burgués-burguesía, feligrés-feligresía y que las que terminaban en vocal tenían otra: abogado-abogacía, clero-clerecía, miembro-membrecía. Los altos personeros aceptaron la recomendación y, a un costo millonario, están cambiando los rótulos, documentos y otros, con la palabra recomendada, en toda América Latina en donde tienen negocios. Al menos eso fue lo que nos indicaron y que el cambio está en proceso, comenzando desde Guatemala.

Los mejores proyectos están por venir

La CADIE está tocando puertas para solicitar un espacio en los grandes medios de comunicación, escritos, radiales y televisivos, para divulgar lo nuevo del idioma, ofrecer consejos idiomáticos para mejorarlo y para contribuir con nuestra educación. La esperanza es que, así como los medios distorsionan el lenguaje, también contribuyan para mantenerlo, mejorarlo o “repararlo”. También se espera que el Estado cumpla con su parte y obligue a sus instituciones a conocer y a respetar la ley.

Por su parte, la CADIE redoblará esfuerzos para que en el seno de la enseñanza, las escuelas, también se reúnan voluntades para conocer lo nuevo en la Ortografía de la RAE. La propuesta es llegar a todos los centros educativos de la Dirección Regional de Educación de Alajuela, que comprende seis cantones: Orotina, San Mateo, Atenas, Grecia, Poás y el Cantón Central de la provincia.

Paralelamente, se iniciará la batalla para sacar del olvido una buena intención que persigue mejorar nuestro idioma: en La Gaceta Nº 118 del viernes 19 de junio del 2009, en la sección de proyectos y con el expediente Nº 17282, se publicó el proyecto denominado “Defensa y fortalecimiento del idioma español y las lenguas aborígenes nacionales”. Este fue presentado por la diputada Lesvia Villalobos Salas y pasó a estudio e informe de la Comisión Permanente de Asuntos Sociales. Consideramos que este es un intento que se dio en procura de mejorar la Ley 7623, que tiene trece años de haber sido aprobada y dieciocho de ser ignorada.

Esperamos que en esta nueva administración, con Rolando González Ulloa, un diputado alajuelense y profesor de Español además, se pueda hacer algo por el proyecto que ya se presentó y que lleva cinco años en la Comisión Permanente de Asuntos Sociales. La idea es que no se quede, permanentemente, en la citada comisión legislativa, o, lo que es peor, que pase al archivo del olvido, sin pena ni gloria.

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