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Letras, Filosofía, Ciencias y Artes Costa Rica

El género y las relaciones de poder

Contacte al Autor: M.ed. Zuleyka Suárez Valdés-Ayala

Introducción

Para hablar de género y relaciones de poder debemos primero ubicarnos en las implicaciones que dentro de la cultura significa el ser mujer; ya sea geográficamente o históricamente, pues las concepciones varían según el lugar o el tiempo histórico desde donde son analizadas. Al tener esto claro, debemos saber distinguir la diferencia entre sexo y género, ya que la categoría social impuesta a un sexo no lo define como tal.

Estas pautas sociales hacen que exista una separación entre dominadores y dominados, no solo a nivel de hombre/mujer; también se evidencia con razas, etnias, clases sociales entre otros, pero esto no será objetivo de nuestra discusión.

1. Naturaleza y cultura

Para muchos de los pensadores del Siglo XVIII, como Rousseau, la cultura es un fenómeno distintivo de los seres humanos, que los coloca en una posición diferente a la del resto de animales sin distinción de etnias, ubicación geográfica o momento histórico.

Si bien es cierto que la cultura nos distingue de los animales, se debería hacer una distinción entre momentos históricos, etnias o países, pues, como menciona Bourdieu (2003), las cabileñas, las europeas o las mujeres de algunas tribus viven diferentes situaciones según lo establecido por ellos en un mismo momento histórico.

Para la Ilustración, como menciona Seidler (2000) (la cual estableció una distinción tajante entre razón y naturaleza), la naturaleza es algo dado, a-histórico, y la cultura es un fenómeno lingüístico.

Las emociones y los sentimientos, como parte de la naturaleza, deben guardar silencio. Al respecto, Seidler (2000) afirma que “nuestro razonamiento no se puede separar de nuestras emociones y sentimientos” (p. 101).

Leyendo estas definiciones recuerdo a Lévi-Strauss, que menciona diferencias entre la naturaleza y la cultura y trata a las mujeres como objeto de canje dominado por los hombres (Bourdieu, 2003, p.62 y Seidler, 2000, p. 24), los cuales son el centro de la sociedad, considerando la subordinación femenina como sinónimo de evolución y hablando de categorías opuestas y duales hombre/mujer naturaleza/cultura, extrapolando así la relación naturaleza/cultura a las relaciones de género (Lamas 1997a).

Esto de adjudicarles a las mujeres mayor cercanía con la naturaleza es un hecho cultural. Si bien es cierto que la cultura y la sociedad en la que nos tocó vivir nos limitan con los códigos establecidos, debemos ser auténticos y defender nuestra dignidad y nuestros puntos de vista.

2. Conceptualización de diferenciación sexual. alcances del género como categoría analítica 

Muchas veces confundimos el concepto de sexo con el de género, usándolo indistintamente como si fueran sinónimos. Aclaremos la diferencia entre los mismos a continuación.

El sexo está determinado por las características genéticas, hormonales, fisiológicas y funcionales que a los seres humanos nos diferencian biológicamente; y el género es el conjunto de características sociales y culturales asignadas a las personas en función de su sexo. Estas normas son impuestas a los individuos a partir del nacimiento, como pautas que deben regir sus comportamientos, deseos y acciones de todo tipo. Los géneros son continuamente redefinidos por la sociedad, no son totalmente estables y se van modificando con relación a otros cambios sociales.

Butler (1997) menciona a De Beauvoir con su famosa frase: “No se nace mujer, se llega a serlo”. Aquí se pone en evidencia la no coincidencia de la identidad natural y la de género, pues llegar a ser mujer es un conjunto de actos intencionales.

A continuación se exponen algunas definiciones de diversas autoras, con las cuales coincido respecto a la definición de género.

Rubin (1997) afirma que el género es una división de los sexos socialmente impuesta (p. 58), al igual que la antropóloga Marta Lamas (s.f.), que afirma que el género es el conjunto de ideas sobre la diferencia sexual que atribuye características femeninas y masculinas a cada sexo, a sus actividades y conductas, y a las esferas de la vida; mientras que el sexo se refiere a las diferencias biológicas y naturales que las personas tenemos al nacer.

Scott (1997), por otra parte, afirma que género es una categoría social impuesta sobre un cuerpo sexuado Es indiscutible que desde el punto de vista biológico hay diferencias entre hombres y mujeres con relación a sus órganos genitales y a su función en la reproducción humana. Sin embargo, no está demostrado que estas diferencias biológicas impliquen por sí mismas capacidades, aptitudes o actitudes diferentes entre los individuos.
Hombres y mujeres son diferentes; pero esta diferencia, que es muy necesaria, no tiene que resultar en una desigualdad social.

3. Relaciones de poder

La consideración de los géneros como conjuntos de pautas sociales diferenciadoras –y limitadoras de las posibilidades individualespone de manifiesto una relación de poder: la dominación del sexo masculino sobre el femenino.

En esta relación de poder, las actitudes y comportamientos que históricamente han sido atribuidos al género masculino son los predominantes.

Para Kant, las mujeres podían escapar a su naturaleza solo a través de su relación con los hombres y buscar la guía de la razón (dejar de lado las cuestiones emocionales). No podían existir como personas con derecho propio, al igual que los niños (Seidler 2000).
Para conocer un poco de historia, mencionaré algunos casos que exponen diversos autores, tomando en cuenta que se podrían citar muchos otros.

Rubin (1997) menciona que en el Valle del Amazonas y en las montañas de Nueva Guinea se utiliza la violación colectiva para doblegar a las mujeres.
Los indígenas mencionados en De Beauvoir (2000) llevan a las mujeres fuera del poblado y las violan o las entregan a forasteros que las violen.

Bourdieu (2003) repetidamente menciona a las mujeres cabileñas y la actitud sumisa que deben asumir en todo momento, las cuales son excluidas de todo lugar público. O las mujeres bereberes, que deben usar un vestuario especial con falda que disimule su cuerpo, y velo que les tape la cara.

Lo típico de los dominadores es ser capaces de hacer que se reconozca como universal su manera de ser particular (Bourdieu 2003, p.82). En cada cultura estas relaciones varían, pero llegan a ser “verdades” difíciles de cambiar.

Bourdieu (2003) plantea que “los dominados contribuyen, unas veces sin saberlo y otras a pesar suyo, a su propia dominación al aceptar los límites impuestos” (p. 55). Más adelante afirma que “el poder no puede ejercerse sin la contribución de los que lo soportan porque lo construyen como tal” (p. 56).

De igual manera plantea que la lógica, esencialmente social, de lo que se llama la “vocación”, tiene como efecto producir una armonía entre disposición y posición, logrando que las víctimas de dominación psicológica realicen dichosamente las tareas subordinadas con abnegación y amabilidad (p. 77).

Es un proceso difícil el de dejar atrás estas subordinaciones, y la idea no es invertir la balanza hacia el otro lado, donde nosotras seamos las dominadoras, sino de lograr una igualdad entre ambos sexos.

Considero que no solo las mujeres se ven acechadas por determinadas presiones sociales. Según Riso (2008), existe un movimiento de liberación masculina numeroso, que rehúsa ser víctima de la sociedad y menciona que “...la liberación masculina no es una lucha para obtener el poder de los medios de producción, sino para desprenderse de ellos (...). La verdadera revolución del varón es psicológica y afectiva” (p.18).

Por otro lado, plantea Bourdieu (2003), “la virilidad, entendida como capacidad reproductora, sexual y social, (...) es una carga. El hombre (...) se siente obligado a estar a la altura de la posibilidad que se le ofrece de incrementar su honor (...) buscando la distinción en la esfera pública” (p 69).

Lo anterior nos hace pensar que también el hombre puede sentirse en ocasiones presionado a cumplir un rol impuesto con el cual no está muy conforme.

Otro ejemplo donde se evidencian las relaciones de poder es en lo referente al paradigma heterosexual como cultura dominante. Este paradigma se ha impuesto como línea de conducta para los seres humanos. Cualquier forma de sexualidad diferente de la heterosexualidad –que se impone como modelo únicose menosprecia. Y lo mismo ocurre con la bisexualidad, o la transexualidad.

Lamas (1997b) menciona la noción de intersexos, para acabar con la dicotomía sexual hombre/mujer, donde se combina lo femenino y lo masculino, a saber: varones, mujeres, hermafroditas (presencia de testículos y ovarios), hermafroditas masculinos (que a pesar de tener testículos presentan caracteres sexuales femeninos) y hermafroditas femeninos (que a pesar de tener ovarios presentan caracteres sexuales masculinos).

Rubin (1997) afirma que: “El sueño que me parece más atractivo es el de una sociedad andrógina y sin género (aunque no sin sexo), en que la anatomía sexual no tenga importancia para lo que uno es, lo que hace y con quién hace el amor” (p. 85).

En este sentido, coincido más con Lamas (1997b) cuando afirma: “El quid del asunto no está en plantear un modelo andrógino, sino en que la diferencia no se traduzca en desigualdad” (p. 364).

Es precisamente esta perpetuidad de la desigualdad la que no nos permite darnos cuenta de que, como plantea Seidler (2000), aprendemos a culpar a los individuos, dejando así a las instituciones fuera del alcance de cualquier crítica. Ante esto me uno a Bourdieu (2003), quien afirma que la Familia es la que asume el papel principal en la reproducción de la visión masculina. La Escuela también, al estar ligada a la Iglesia (como es el caso de Costa Rica), o aun desligada de la misma, como en otros países, sigue reproduciendo actitudes patriarcales. Por último, el Estado, cuyas reglas regulan los principios de una visión androcéntrica.

Entonces debemos pensar que en cada uno de nosotros está la responsabilidad de lograr el cambio que anhelamos, pues a nivel social es muy difícil de lograr.

Como docentes debemos luchar en contra de esto:

Nota: (ver cuadro#1 en el pdf a descargar)

Conclusiones

No debe existir una dualidad tan categórica entre naturaleza y cultura. Hoy en día, separados los ámbitos de la naturaleza y los ámbitos de la cultura en sus respectivas disciplinas científicas, retorna la relación naturaleza-cultura de la mano de las preocupaciones ambientales.

Ya no interesa cuán natural o cultural es el ser humano, sino cómo se vincula el ser humano como ser cultural en su proceso de desarrollo social y económico con el ambiente natural. Como ser cultural, es responsable de sus actos en el medio natural y social, ya no visto como dominador de la naturaleza, que era algo inamovible e inerte.

Tampoco debe existir una diferencia entre hombre y mujer a nivel social. De Beauvoir (1949) plantea que la disputa durará en tanto no se reconozcan como semejantes los hombres y las mujeres. Creo que en este aspecto tiene razón. Igual que al plantear que el hecho de ser un ser humano es más importante que las singularidades que nos distinguen. Scott (1997) afirma que deberíamos interesarnos tanto en la historia de hombres como de mujeres y no trabajar solo sobre el sexo oprimido.

El concepto de género varía tanto histórica como culturalmente a través de la relación con instituciones económicas, sociales, políticas y religiosas. Sin importar su período histórico, como afirman Conway, Bourque y Scott (1997), son sistemas binarios que oponen hombre y mujer, no en un plan de igualdad, sino en un orden jerárquico donde, como afirma Lamas (1997), la posición de las mujeres, sus actividades, sus limitaciones y sus posibilidades varían de cultura a cultura. Como dice Scott (1997), se debe rechazar la definición ahistórica hombre/mujer como oposición binaria universal.

Existen instituciones que ayudan, ya sea en forma consciente o inconsciente, a asegurar la permanencia de la dominación masculina, a saber: familia, iglesia, Estado y centros educativos. Estas permanencias han variado a lo largo del tiempo y ha sido diferente según la cultura, pero siguen contribuyendo a que este modelo se imponga.

El androcentrismo, que generaliza el pensamiento y la dominación masculina como análisis de la realidad, ha definido las relaciones de poder, la producción cultural y el pensamiento científico. Debemos, como dice Bourdieu (2003), contribuir progresivamente a la extinción de la dominación masculina logrando una sociedad equitativa, no solo a nivel de hombres y mujeres (a nivel de género) sino a nivel de preferencias sexuales o de razas, eliminando la invisibilidad de grupos minoritarios, donde las diferencias sexuales, de razas, etnias o culturas no se traduzcan en desigualdades.

Considero respecto a estos temas que en Costa Rica ha habido una serie de avances significativos, a saber: mayor acceso de mujeres a la educación superior, una mujer presidenta a nivel Estatal, la formación de partidos donde las mujeres han tomado políticamente igual porcentaje que los hombres o han alcanzado a nivel de vicepresidencia o diputación importantes puestos; el presidente anterior propuso que el Estado fuera laico, y una mayor libertad de grupos minoritarios homosexuales a manifestarse. Debemos respetar a la persona por lo que es y esto a nivel docente es importante que lo tengamos claro sin importar raza, nacionalidad, credo o preferencia sexual.

Bourdieu,P.,(2003). La dominación masculina (3°Ed). Editorial Anagrama. Barcelona.

Butler, J. (1997). “Variaciones sobre sexo y género: Beauvoir, Wittig y Foucault”. En Lamas, M. (Comp.). El género: la construcción cultural de la diferencia sexual. UNAM. México.

Conway,J., Bourque, S. & Scott, J. (1997). “El concepto de género”. En Lamas, M. (Comp.). El género: la construcción cultural de la diferencia sexual. UNAM. México.

Lamas, M. (1997a). “La antropología feminista y la categoría de género”. En Lamas, M. (Comp.). El género: la construcción cultural de la diferencia sexual. UNAM. México.

Lamas, M. (1997b). “Usos, dificultades y posibilidades de la categoría “género””. En Lamas, M. (Comp.). El género: la construcción cultural de la diferencia sexual. (Comp). UNAM. México.

Riso, W. (2008). La afectividad masculina. Grupo Editorial Norma.

Rubin, G. (1997). “El tráfico de mujeres: notas sobre la “economía política del sexo””. En Lamas, M. (Comp.). El género: la construcción cultural de la diferencia sexual. UNAM. México.

Scott, J. (1997). “El género: una categoría útil para el análisis histórico”. En Lamas, M. (Comp.). El género: la construcción cultural de la diferencia sexual. UNAM. México.

Seidler, V. (2000). La sinrazón masculina. Editorial Paidós. México.

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