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El aprendizaje desde la teoría cognoscitiva social:

Contacte al Autor: Maritza Olivares Miranda

El aprendizaje desde la teoría cognoscitiva social: implicaciones en la mediación pedagógica del docente

The Learning process from the Social Cognitive Theory: implications for the Pedagogical Mediation of the Teacher

Maritza Olivares Miranda

Máster en Educación con énfasis en Administración Educativa

Licenciada en Educación con énfasis en Currículum

mariolivares1@gmail.com

Introducción

Hoy día se habla de la necesidad de implementar, en los espacios educativos, una práctica pedagógica renovada, acorde con las exigencias del mundo cambiante. De ahí que el presente siglo plantea retos al profesional de la educación, sea cual sea su nivel de formación, con respecto a cuál debe ser su papel protagónico en el aula, con miras a generar, en forma óptima,  aprendizajes duraderos y efectivos en los estudiantes de determinado nivel de formación. Precisamente, dar respuesta a la interrogante “¿cómo aprende el individuo?” es una tarea que ha estado presente en el devenir histórico de la humanidad.

Solano (2009: 113-114), respecto a la nueva concepción del actuar en el docente, expresa: “una práctica pedagógica renovada representa una nueva forma de concebir las relaciones que predominan en los procesos de enseñanza y de aprendizaje, tienen lugar de manera institucional y formal, y cuyo espacio natural es el aula escolar” .

Tómese en consideración que el aprendizaje humano implica algo más que un simple cambio de conducta. Su esencia radica en el significado que se le otorga a cada experiencia vivida en los entornos

que rodean al individuo en proceso de formación. Por lo anterior, para el docente debe ser relevante transferir conocimientos de forma creativa e innovadora, de manera que coadyuve al desarrollo de las estructuras mentales de los alumnos. De esta forma, la perspectiva cognitiva social refuerza los conocimientos en torno al aprendizaje, ya que se constituye en una alternativa para generar un compromiso efectivo del alumno con él mismo, en el sentido de que el docente propicia los espacios para que este seleccione, organice y transforme la información que recibe de fuentes diversas, estableciendo relaciones entre dicha información y sus ideas o conocimientos previamente establecidos.

Asimismo, la perspectiva cognitiva social conduce el pensamiento reflexivo a nivel del docente y de los alumnos; en este sentido, Villa y Poblete (2010:92) expresan lo siguiente: “Un profesional o un estudiante que no haya desarrollado la competencia del pensamiento reflexivo tenderá a repetir siempre los mismos patrones de pensamiento, y tendrá pocas oportunidades de crecer en ellos”.

1. Sustento teórico de la teoría cognoscitiva social

El origen de esta teoría se remonta a los estudios de Albert Bandura, desde la década de los años 50, según lo establece Woolfolk (2012). Es decir, se considera uno de los principales creadores de esta posición teórica.

Santrock (2006: 226) expone que esta teoría:

…plantea que los factores sociales y cognoscitivos, así como la conducta, tienen papeles importantes en el aprendizaje. Los factores cognoscitivos pueden incluir las expectativas de éxito del estudiante, y los factores sociales la observación de los estudiantes de la conducta de logro de sus padres.

Nótese que esta forma de interpretar el aprendizaje destaca que las experiencias en el individuo se desarrollan producto de las interacciones en el entorno social, donde se conjugan lo social y lo cognoscitivo. Esto implica realizar un esfuerzo a nivel de la capacidad de observación de los acontecimientos, los hechos y las vivencias que se suscitan desde la cotidianidad. La práctica asidua y constante de este ejercicio genera en los individuos, llámense alumnos en proceso de formación, un cúmulo de conocimientos, reglas, habilidades, estrategias, creencias, hábitos y actitudes que van poco a poco definiendo su personalidad. Se infiere en esta teoría, además, que el observar a los otros se constituye en una fuente rica de aprendizaje.

En este sentido, surgen los aportes de psicólogos y sus respectivas investigaciones que han favorecido a los diferentes enfoques del desarrollo de la personalidad, quienes enfatizan que cada individuo tiene libertad de acción, ya que las personas pueden aprender a establecer metas y a autorregular sus cogniciones, emociones, conductas, pensamientos y sentimientos en formas que les faciliten lograr esas metas.

Por otro lado, la teoría cognoscitiva social refiere la acción de autorregulación por parte de individuo, al indicar que las personas actúan con base en sus propias normas, motivadas por la valorización que otros han proporcionado a sus actos en la cotidianidad y en los entornos donde interactúan.

Schunk (2012: 118), al respecto, refiere:

Al observar a los demás, las personas adquieren conocimientos, reglas, habilidades, estrategias, creencias y actitudes. Los individuostambién aprenden la utilidad e idoneidad de las conductas y las consecuencias de las conductas modeladas a partir de la observación de modelos, y actúan de acuerdo con las capacidades que consideran tener y conforme a los resultados esperados de sus acciones.

Nótese que, según el autor, la acción de observar implica un esfuerzo cognitivo donde el sujeto aprendiente, en este caso el alumno en proceso de formación, además de esta acción, interioriza la conducta o el estímulo percibido, lo reflexiona y asume para adoptarlo como una conducta propia. Es de suponer que las experiencias previas que el individuo posee se van a constituir en insumos valiosos que le ayudarán a tomar la decisión de aceptar y asumir los estímulos recibidos como un aprendizaje efectivo, o no darles la importancia del caso, de acuerdo con sus convicciones o escala de valores previamente establecida, acción que implica de por sí una experiencia de aprendizaje más.

Finalmente, se destaca que esta teoría se sustenta en algunos supuestos acerca del aprendizaje y las conductas, los cuales hacen referencia a las interacciones recíprocas entre personas, conductas y ambientes.

Con respecto a las personas, conlleva el abordaje del entorno familiar que rodea al niño, las experiencias de interacción construidas en el ámbito comunal y las aportadas por el centro educativo donde está inserto.

En los ámbitos mencionados anteriormente, el individuo observa diversas conductas o comportamientos en las personas con quienes interactúa, reflejados en el vocabulario, el accionar ante diversos hechos, las formas de vestir, los hábitos diversos para conducirse y las habilidades, destrezas y competencias que demuestran en su forma de conducirse ante diversos hechos o acontecimientos. Todo lo anterior, visto en diversos escenarios que, en este caso, vendrían a constituirse en los ambientes o entornos de aprendizaje.

Schunk (2012: 160), en torno al comportamiento humano, refiere lo siguiente:

La teoría cognoscitiva social presenta una perspectiva de libertad de acción del comportamiento humano, ya que las personas pueden aprender a establecer metas y a autorregular sus cogniciones, emociones, conductas y entornos en formas que les faciliten lograr esas metas. Algunos procesos clave de autorregulación son la autoobservación, autoevaluación y reacción personal. Estos procesos ocurren antes, durante y después de participar en las tareas.

Dicha apreciación ilustra la capacidad del sujeto cognoscente de actuar conforme con sus capacidades, que lo lleven a una dimensión de autorreflexión para generar cambios en su personalidad, a partir de las experiencias vividas.

De esta forma, según lo reafirma Santrock (2006: 212), esta teoría de aprendizaje hace “énfasis en la interacción del comportamiento, el ambiente y factores de la persona (cognoscitivos) como determinantes del aprendizaje”.

2. Aportes de sus principales exponentes:

Mediante una revisión del aporte brindado por los psicólogos actuales, en torno a la perspectiva cognitivo-social, se adjunta un cuadro sinóptico que hace referencia a los postulados expuestos por algunos de ellos, los cuales se constituyen en insumos de gran valía en la concepción de esta posición paradigmática.

 

Según los insumos aportados en el cuadro anterior, se infiere que esta posición supera el conductismo, al concebir al individuo en un rol activo como observador de personas, situaciones y entornos, que le permiten espacios de autorreflexión para encauzar sus acciones en pro del cumplimiento de metas previamente establecidas.

3. Retos e implicaciones en el actuar docente

En términos generales, los autores coinciden en el empleo de un vocabulario común, donde la observación, la motivación, la eficacia y la autorregulación ocupan un lugar preponderante en los esfuerzos que hace el individuo por aprender. Cabe destacar que Miller, Pintrick y Zimmerman, citados por Santrock (2006) y Bandura, citado por Schunk (2012), coinciden en que la motivación y la autorregulación están íntimamente ligadas en el individuo. Dicha acción implica, desde el actuar docente, brindar los espacios oportunos para incrementar estos procesos en los alumnos a cargo.

Bandura y Shunk (2012) refieren que algunos estudiantes reflejan actitudes positivas evidentes en su disponibilidad para fijarse metas, las cuales no necesariamente pueden coincidir con los pensamientos de los padres y maestros en torno a ellos. Lo anterior genera implicaciones para estos últimos, quienes deben ser observadores de las conductas y estar abiertos a escuchar los planteamientos de los educandos, con el fin de apoyar u orientar con miras a beneficiarles el proceso de enseñanza y aprendizaje. En este sentido, Woolfolk (2012) expresa que lo importante es apoyar a los alumnos, para que construyan su propia identidad. Aquí se evidencia lo planteado por Rotter, según Santrock (2006), referente al “locus interno” y al “locus externo”, como elementos importantes que inciden en el aprendizaje del individuo.

Importante es señalar que esta misma autora plantea el caso contrario, referente a la presencia de alumnos que no tienen metas establecidas y que, en algunos casos, reflejan una baja motivación. Obviamente, la intervención pedagógica del docente en este caso es fundamental, quien tendrá que replantear estrategias didácticas para generar interés y aumentar la motivación de los alumnos para irlos llevando poco a poco a incursionar en procesos de observación y autorregulación, a partir de las diversas lecturas que hagan tanto en las personas que los rodean como en los entornos que los circundan.

Se nos habla de conductas que el alumno observa, que se convierten en insumos para la reflexión, en el sentido de que nos llaman a todos a plantearnos como educadores las siguientes interrogantes: ¿Cuál es el mensaje que reflejo como educador? ¿Qué imagen percibe el estudiante de mi persona en mi rol de formador (en caso que, en mi posición docente, sea su punto de atención)? En este sentido, Bandura expresa que una buena parte del aprendizaje se obtiene haciendo, pensamiento defendido por la posición constructivista; sin embargo, otra fuente de aprendizaje es la observación.

De esta posición teórica se infiere la visualización de un alumno motivado y proactivo, que tiene metas establecidas por las cuales lucha, hasta conseguir los objetivos propuestos. Precisamente, los actos de modelamiento, autorregulación y autoeficacia generados por ellos, según los autores anteriormente mencionados, son el reflejo de un compromiso efectivo con su propio aprendizaje, que los lleva a experimentar y asumir nuevos retos. Cabe destacar que Zimmerman (1994) indica que autorregular el aprendizaje implica la presencia de un alumno con iniciativa y perseverancia.

En las aulas se debe propiciar el espacio para que los estudiantes asuman la dinámica de “aprender a aprender”, término que en otros momentos ya se ha planteado en la  jerga educativa, lo cual implica, según los autores citados, incentivar en los estudiantes la iniciativa personal y la perseverancia. Obviamente, la familia en este sentido también debe asumir su rol protagónico, iniciando con su aporte a nivel de la motivación de sus hijos, desde la práctica de diversas acciones para la atención de su desarrollo integral (cuidar la salud física, la salud mental y otras).

Al respecto, como educadores, ¿estamos propiciando los espacios, para que los alumnos obtengan estos beneficios en su formación? De ahí que es válido reflexionar si las estrategias metodológicas que se implementan en la cotidianidad en los salones de clase, mediante la mediación pedagógica del docente, están acordes con los intereses y las necesidades de los educandos en proceso de formación, a las exigencias del mundo cambiante y la lectura de los entornos educativos donde estamos inmersos.

No está de más referir el deterioro social que en muchas casos sufren las comunidades y las familias, y si a pesar de ello llegan al aula alumnos con claridad en sus metas por lograr, estamos llamados, como formadores en diversos campos, a ser observadores, investigadores y promotores de experiencias innovadoras, que les permitan desarrollarse como personas y alcanzar sus más nobles ideales en pro de su realización personal y del desarrollo de la nación en general. Al respecto, Solano (2009) expresa que se deben tomar en cuenta los intereses de los alumnos con base en los elementos de su cultura, para que sean insertos como contenidos válidos de conocimiento.

4. Conclusiones

a. En cualquier nivel de formación que se desempeñe el docente, está llamado a allanar el camino que conducta una verdadera formación integral de sus alumnos; lo anterior compromete a una actitud reflexiva del quehacer profesional y a la búsqueda constante de nuevas alternativas que coadyuven a la motivación y al aprendizaje.

b. La teoría cognoscitiva social presenta una perspectiva de libertad de acción del comportamiento humano, acción que puede operar en el alumno en forma óptima, siempre y cuando el docente, como mediador, propicie las oportunidades de aprendizaje y se constituya en un modelo que inspire y convoque a la búsqueda de diversas alternativas, para el logro de las metas previamente establecidas.

c. Desde la perspectiva de Solano (2009), quien plantea que el docente debe renovar su práctica pedagógica, es conveniente que su intervención en el aula coadyuve a la construcción compartida del conocimiento, donde el alumno tenga los espacios oportunos para poner en práctica su capacidad afectiva, crítica y creativa.

d. El salón de clases y otros entornos aprovechados para la enseñanza deben constituirse en semilleros para el aprendizaje, donde se generen espacios de interacción y se construyan verdaderas comunidades de aprendizaje. Asimismo, los conocimientos previos de los alumnos deben ser considerados insumos insustituibles que se suman a las experiencias curriculares de estos.

e. El ejercicio constante de la implementación de preguntas y respuestas, propuesto por Zimmerman, es una excelente alternativa para propiciar competencias cognitivas y comunicativas en los alumnos donde, precisamente, los conocimientos previos que poseen cobran relevancia. Además, Solano (2009:137) indica que es deber del docente que “los alumnos y las alumnas pregunten y cuestionen, para que se involucren de manera gradual en su propio proceso de aprendizaje”.

f. Algunos autores de la teoría cognoscitiva social plantean que el esfuerzo que pone el alumno en las responsabilidades académicas conduce al éxito y refuerza la motivación. En este sentido, es deber de los docentes resaltar estas actitudes que reflejan práctica de valores conducentes al éxito académico.

g. Los docentes deben implementar procesos esenciales para coadyuvar a la autorregulación de los estudiantes, tales como la creación de estrategias de mediación conducentes al establecimiento de metas diarias, orientarlos en la búsqueda de información de alta calidad para el desarrollo de sus trabajos, el uso de estrategias de autoevaluación y la práctica de llevar registros sistemáticos de sus logros personales los cuales, en determinados periodos, pueden socializar con sus compañeros.

h. En la agenda de los centros educativos deben implementarse nuevas tácticas y estrategias, conducentes a despertar en los docentes el interés y la motivación por la investigación y la lectura asidua de los nuevos paradigmas en torno a la enseñanza y el aprendizaje, que redunde en nuevas orientaciones del quehacer docente. Tal y como lo plantea Picardo (2008:120) al expresar: “La creación de una cultura o disciplina personal de autodesarrollo profesional debe emerger en las instituciones de formación docente”.

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