Colegio de Licenciados y Profesores en

Letras, Filosofía, Ciencias y Artes Costa Rica

Docente facilitador, aprendiente protagonista

Contacte al Autor: Lic. Velinda Romero Zúñiga

Docente facilitador, aprendiente protagonista

Lic. Velinda Romero Zúñiga

Profesora de inglés en el Programa de Adultos y Adolescentes

Universidad Estatal a Distancia

vromero@uned.ac.cr

INTRODUCCIÓN

Una mirada a finales de la última década del siglo XX, nos revela la notoria variedad de cambios que ha experimentado la sociedad de forma acelerada y, junto con ella, la incorporación de esos cambios dentro del contexto educativo. Aún a finales de los años 90, se observaba en las aulas universitarias que pocos estudiantes poseían acceso a un equipo de cómputo, por lo que estos recurrían a contratar la digitación de sus tareas en centros de servicios. En instituciones educativas de primaria y secundaria se podía encontrar el llamado “polígrafo”, del que se servía al docente para producir copias de un original digitado en máquina de escribir. Sin embargo, un cuaderno para tomar notas de la pizarra era la principal herramienta para demostrar los logros de la clase. Agregado a esto, el trabajo individual era la regla general, por lo que el silencio debía imperar en un salón de clases. Este escenario pasó a ser parte del pasado.

En contraste, ahora se cuenta con los programas de computación que subrayan y corrigen las faltas ortográficas e, incluso, los errores de concordancia gramatical. La tarea se puede enviar desde el hogar o una biblioteca por correo, o subir a la plataforma desde la computadora personal o equipo con conexión a Internet, que ya va siendo tan común de poseer en ciertas zonas como la televisión por cable. En cuanto al docente, este tiene un sinfín de formularios por llenar, expedientes, comunicados de trámites y procedimientos. Todo es parte de los cambios acelerados que rigen el mundo moderno y, aunque todo parezca más complicado por las exigencias, es precisamente porque los avances del conocimiento en áreas como la psicopedagogía, la didáctica y las tecnologías han brindado sus aportes para procurar que la educación sea más inclusiva y pueda formar el ser humano que necesita la sociedad actual. De estos aportes, han surgido tendencias que procuran conducir a un aprendizaje significativo en el cual el rol del docente se transforma y el papel protagónico del estudiante surge como un objetivo primordial. En el presente artículo se pretende ofrecer una descripción general de tres ejes que interactúan, conjuntamente, para lograr este protagonismo del estudiante y renovar el papel del docente como facilitador en el proceso de enseñanza-aprendizaje: la aplicación del enfoque constructivista, el desarrollo de nuevas formas estratégicas de enseñanza-aprendizaje y la incorporación de las TIC (tecnologías de información y comunicación) en el proceso de aprendizaje. Se encuentran tan entrelazados estos componentes que, al describir uno, es casi imposible mencionar o referirse al otro.

ENFOQUE CONSTRUCTIVISTA

En cuanto al enfoque constructivista, este ha sido forjado en el ámbito educativo por diferentes autores. Las teorías de psicólogos tales como Jean Piaget, Lev Vygotsky, Jerome Bruner y el también psicólogo y pedagogo David Ausubel han sido la base para el desarrollo de este enfoque o tendencia educativa. A partir de estos representantes, se han creado variadas definiciones del constructivismo surgidas de la lectura de sus exposiciones. De igual manera, aquí se propone una definición simple también tomando como fuente los aportes de estos estudiosos en el campo: se define el constructivismo como una tendencia educativa que le facilita al estudiante herramientas para que desempeñe un papel protagónico, participativo y muy dinámico en su proceso de aprendizaje, proceso en el cual adquiere autonomía para construir su conocimiento de manera significativa a partir de sus experiencias previas, de su organización mental y del contacto con el entorno. De esta concepción se desprenden múltiples aspectos los cuales, a su vez, son muy difíciles de dividir puesto que, al hablar de uno, nos vemos introducidos en otro.

Este concepto constructivista se contrapone a todo aprendizaje conductista en el cual el estudiante es receptor pasivo de conocimientos. El constructivismo supone que el individuo se sirve de las experiencias individuales dentro de su entorno para incorporar los nuevos conocimientos. Se refiere también a la modificación del educando, esto como fin de la educación de formar ciudadanos autosuficientes y productivos. La definición de constructivismo es muy amplia y compleja, debido a que todos sus elementos se entrelazan; encierra en su concepción un intrincado proceso prometedor en el ámbito educativo que se trata de describir, de manera general, a continuación basándose en la definición dada en el presente escrito.

Papel dinámico del estudiante. ¿Cómo lograr ese dinamismo en los aprendientes? C. Coll (1996) se refiere a un “triángulo interactivo, cuyos vértices están ocupados respectivamente por el alumno, el contenido y el profesor” (p. 178). Rescatando este triángulo como símbolo, podemos sugerir que el estudiante necesita del docente y de contenidos significativos para producir su aprendizaje dentro del contexto educativo, siendo estos dos últimos la puerta abierta para que el estudiante sea el protagonista. El aprendiente espera que el docente le facilite las herramientas para manejar esos contenidos. Por ello, el interés de crear ese ambiente en el espacio educativo debe originarse primeramente en el docente, que es el guía, el facilitador, el cual, por medio de las estrategias de mediación programadas en su planeamiento didáctico, estimula esa actividad en el estudiante. Si el constructivismo se refiere no solo al individuo como ser social, sino a este en sus experiencias individuales, las situaciones de mediación creativas y variadas junto con el acercamiento a los recursos didácticos –tanto ya disponibles en el ambiente como nuevos o creados– provocarán el despliegue de la actividad en los estudiantes y alcanzarán a todos en sus diferentes habilidades. El docente debe tomar en cuenta la diversidad del estudiantado, según sus inteligencias múltiples, abriendo y ofreciendo proyectos de escogencia que alcancen a las variadas motivaciones e intereses de los educandos. Las herramientas disponibles, si fuesen pocas o simples, no deben representar un obstáculo, sino más bien provocar la creatividad al utilizar y aprovechar lo disponible, por ejemplo, con la reutilización de desechos en proyectos y lo que se encuentre en la comunidad en su contexto real físico, lo cual al mismo tiempo refuerza el respeto y la observancia por el entorno. Esto se traduce en un docente que habla menos, estudiantes que hablan más; docente que explica menos, estudiantes que descubren más; docente como guía, estudiante que actúa; docente que incentiva, estudiante que propone, investiga, opina, debate, decide, concluye, expone resultados, crea y se expresa.

Organización mental. Las nuevas experiencias se incorporan a las estructuras mentales. ¿Cómo está trabajando la mente? Establecer qué actividades asignar o proponer a estudiantes en edad preescolar o a estudiantes púberes originará en estos el estímulo. Las etapas concretas y abstractas que señalan los estudios de psicología no deben pasarse por alto tampoco. La teoría de Jean Piaget propone que todos pasamos por cuatro etapas intelectuales: sensomotriz, preoperatoria, operaciones concretas y operaciones formales. También explica que cada individuo desarrolla cada etapa a diferente ritmo, pero de manera ascendente. Su teoría incorpora, además, en este proceso la influencia del área social, afectiva y moral (Abarca S., 1998, p. 61). Es por ello que es riesgoso solicitar un estudio sobre un tema muy abstracto a estudiantes que aún se encuentran en la etapa de concreciones. En muchos centros educativos, sobre todo privados, las etapas del desarrollo son forzadas sometiendo a los niños en edad preescolar a desarrollar habilidades propias de la edad escolar. Algunos las alcanzan, pero los métodos de enseñanza se quedan muchas veces cortos en incluir a aquellos niños que, por su simple naturaleza de edad o por sus necesidades educativas especiales, se puedan sentir frustrados al no dárseles el apoyo necesario.

Facilitación de las experiencias educativas. El que facilita el aprendizaje es el docente que sirve de guía, de tutor. Ha quedado atrás la posición del docente como un “sabelotodo” transmisor de conocimiento para ser ahora quien, utilizando diferentes y apropiadas estrategias de aprendizaje, lleve a sus estudiantes a construir sus conocimientos. Este papel del docente como facilitador requiere de una labor meticulosa, estudiada y pensada desde el planeamiento didáctico que puede ser concebido como una forma de estructurar un plan para cumplir con unos objetivos dentro de una realidad social. Molina Bogantes (1997) señala lo siguiente acer ca del planeamiento didáctico:

Es importante que cada educador conciba esta etapa de su accionar pedagógico como un proceso fundamental. En esta línea, a veces ha existido una interpretación restrictiva de lo que es el planeamiento didáctico, al identificarlo con el documento que elabora cada docente y que, muchas veces, se hace únicamente para llenar las normativas y regulaciones que emergen de los niveles de autoridad administrativa (p. 9).

De estas palabras se rescata que en ocasiones el propósito del planeamiento didáctico se desvía y no cumple su función. Se discrepa a menudo dentro del ámbito educativo en cuanto a qué tan detallado debe ser este. No obstante, independientemente de los requerimientos específicos institucionales, es importante que sirva de guía al mismo docente para asegurarse de que los objetivos propuestos son alcanzables dada la caracterización de la población, la disponibilidad del tiempo y de una escogencia apropiada de procedimientos y herramientas. ¿Y qué hay detrás de un planeamiento didáctico? Se pueden encontrar, por ejemplo, guías de trabajo autónomo bien elaboradas y claras para que el estudiante se responsabilice de su propio aprendizaje; igualmente, materiales o contextos reales de estímulo, textos, planificación del tiempo y entrenamiento docente. Estos recursos son ofrecidos como herramientas de trabajo a los estudiantes para que estos se empoderen y aprendan no solo contenidos y destrezas, sino también que descubran cómo aprender. Este descubrimiento que se vuelve consciente en el aprendiente es llamado metacognición. La metacognición encontró un lugar relevante dentro del ámbito educativo gracias a sus precursores Tulving y Madigan en 1969 y Flavell y Wellman en la década de los 70. En palabras de Ugartetxea (2001), esta se define como “un conocimiento de segundo grado, cuyo objeto de conocimiento no es otro que el propio conocimiento” (p. 51). Por lo tanto, es la capacidad que adquiere el aprendiente de conocer y practicar sus propias técnicas de aprendizaje. El alcance de esta metacognición amplía el espacio de aprendizaje más allá de las fronteras del centro educativo y conduce a un aprendizaje independiente. Así, a largo plazo, se tendrán ciudadanos capaces de plantear y ejecutar iniciativas siguiendo pr ocesos que conduzcan al éxito.

Experiencias previas. Al hablar de experiencias se hace necesaria la caracterización económica-social de la comunidad estudiantil, así como un diagnóstico académico. Surge la pregunta: ¿A qué experiencias han sido inducidos los educandos? Romero Trenas (2009) señala que “es necesario que el alumno pueda poner el contenido a aprender en relación con lo que ya conoce de forma no arbitraria para que pueda insertarlo en las redes de significados ya construidos con anterioridad” (p. 2). Existe un gran trecho entre lo que “deberían de saber” mis estudiantes de cuarto grado y lo que “en realidad saben”. ¿A qué experiencias previas fueron sometidos? ¿Qué fue estimulado en ellos? ¿Cómo aprovecharon el tiempo antes de que llegara el nuevo docente? Los educadores, como seres humanos, poseen diferentes perspectivas y formas de resolver las situaciones educativas. Es de vital importancia observar antes de iniciar un curso cómo están las bases de la población estudiantil, esto con el propósito de que el aprendizaje sea significativo para el estudiante al incorporarlo a sus experiencias previas y su entorno.

La situación social es otro factor por tomar muy en cuenta. Es diferente ser facilitador en un entorno urbano de clase media a ser facilitador en un entorno rural con niños de bajos recursos económicos. Si no se realiza una caracterización de la comunidad, las bases de la labor docente quedarán falseadas. Esta caracterización o diagnóstico de la comunidad es imprescindible para lograr adaptar el currículo a las actividades de mediación que puedan ejecutar los estudiantes según sus experiencias previas y la disponibilidad de recursos, así como también definir los cambios que se pretenden lograr en esa población. Aquí es cuando se nota la brecha existente entre el estudiantado de una zona rural y una urbana, y es labor del docente tener esa iniciativa para adaptar el currículo a las poblaciones de manera eficiente y eficaz. 

Por otro lado, la caracterización individual es imprescindible para detectar casos de estudiantes con necesidades específicas y, así, brindarles el apoyo educativo y las adaptaciones necesarias. Se pueden encontrar casos de discriminación, abuso, maltrato, desnutrición, dificultades de aprendizaje y cualquier otro aspecto que pueda interferir con el rendimiento y la motivación de los estudiantes. El observar estos aspectos apunta a la parte humanista del constructivismo, en la cual el educando es el protagonista, una persona con toda su complejidad y no un número más en la lista.

El contacto con el entorno. ¿Cuál es el entorno del estudiante? Jiménez (2009) se refiere a las interacciones que se dan en el aula entre profesor-alumno, alumno-alumno y las interacciones individualistas, competitivas y cooperativas. Otras interacciones se dan con el personal de la institución, su comunidad, su hogar, su país y todas las formas de acceso al mundo exterior. El estudiante y el docente son seres humanos con necesidades fisiológicas y espirituales. Como educadores, se debe crecer en sabiduría; el conocimiento sobresale, pero acompañado de la sabiduría; el método es importante, pero no más que la calidad humana. Las relaciones entre docentes y estudiantes ya no son o no deberían ser tan distantes como hace más de dos décadas. Las relaciones interpersonales que se desarrollan en el espacio de aula medirán en gran escala cómo se sienten todos los participantes que comparten horas allí. El respeto de los unos hacia los otros en cada palabra, en cómo el docente guía a sus estudiantes, toda esa entrega humana puede ser un detonante de éxito o del fracaso del proceso de aprendizaje. Nunca fue el conductismo ni es algo tan abierto al sentimiento como lo es, por sus características, el constructivismo. De este entorno, el aprendiente comparte conocimiento, ideas, opiniones y materiales con sus compañeros y docente en un ambiente de permanente interacción y realimentación. Para ello se recurre al trabajo colaborativo por medio de giras educativas, aprendizaje basado en proyectos o basado en problemas o foros o paneles de discusión presenciales o en línea, siguiendo, por supuesto, reglas claras de convivencia y participación promovidas por el docente. Al dirigir a los educandos hacia actividades de mediación en las que deban compartir conocimientos y aportes, intercambiar opiniones, prestarse ayuda y distribuir roles, desarrollan competencias de trabajo en equipo y convivencia que luego trasladarán a su vida cotidiana en ambientes comunitarios y laborales. Como resultado, se facilitan espacios en los que el aprendiente disfrute de un aprendizaje significativo al poder conectarlo con su entorno y sus vivencias.

DESARROLLO DE NUEVAS FORMAS ESTRATÉGICAS DE MEDIACIÓN

De la mano con el constructivismo, el desarrollo de nuevas formas estratégicas de mediación es otra área urgente de aplicar. Otero et al (2007) destacan una forma más actualizada al referirse a estrategias de aprendizaje para el desarrollo y las definen como:

Un proceso complejo, donde los contenidos psicológicos se combinan de manera peculiar, a partir del carácter activo que asume el estudiante en la dinámica de su aprendizaje, logrando niveles superiores de autorregulación del comportamiento. Su esencia radica en la posibilidad de autoestimulación de los mecanismos y configuraciones psicológicas superiores expresadas en la reflexión, motivación y el autodesarrollo de los estudiantes” (p. 200).

Esta definición apunta al enfoque constructivista en el sentido de que el estudiante asume la dinámica del aprendizaje. También propone gran responsabilidad de la construcción del aprendizaje en el estudiante. ¿Y dónde yace el papel del educador? Volvemos a retomar el tema del rol del educador. Este, siempre como guía, deberá caracterizar el espacio educativo en el que se encuentra. ¿Cómo despertar ese autodesarrollo, esa autoestimulación en sus estudiantes? El tomar en cuenta los intereses de los estudiantes facilita esta tarea al docente. Entre algunas de las estrategias de mediación se encuentran aquellas en las que el estudiante explore su entorno, lo cuestione y proponga cambios. Esto se puede dar a través de discusiones de paneles, debates, adaptación de roles, proyectos institucionales, comunales, artísticos y culturales, entre otros. Los estudiantes deben tomar parte en las decisiones de sus actividades, asumir las consecuencias, siempre con el rol mediador del docente que para ello está presente.

Otro aspecto por tomar en cuenta para la puesta en práctica de nuevas mediaciones de aprendizaje es el aprendizaje colaborativo iniciado en las ideas de John Dewey. Este se puede definir como “un aprendizaje en el que se requiere un esfuerzo cooperativo fuera de los individualismos y del aprendizaje competitivo” (Alcaraz, 2014, párr. 1). La colaboración es promotora de las relaciones humanas tanto en el intercambio de conocimientos como en el aprovechamiento de diferentes habilidades para formar un equipo de trabajo. El mundo actual favorece fríamente la competencia por encima del trabajo colaborativo; no obstante, las tendencias actuales en la educación persiguen formar un individuo que se desarrolle plenamente y que autorregule sus funciones al mismo tiempo que aporte de su individualidad al trabajo de equipo; cada uno da lo mejor que tiene, logrando calidad en los resultados. De esta manera, produce para él mismo y para el beneficio de la sociedad. Este contexto es parte de la vida diaria. Por ejemplo, en el trabajo o en el hogar se asignan o se proponen personas para desempeñar diferentes roles: el que va a dar el discurso, el que da la bienvenida, el que toma el micrófono, el que agenda las actividades, el que baña los perros, el que cocina, el que ayuda a los hijos a estudiar matemáticas. Esta asignación de roles promueve la estimulación porque cada uno podrá ver resultados satisfactorios de su trabajo; además, se ahorra tiempo y los resultados se aumentan. Igual, en el contexto educativo, los estudiantes por su naturaleza humana podrán mostrar sus habilidades para el bien común y es la forma en que aprenden cómo trabaja la sociedad y que así funciona mejor. Además, establece responsabilidades en cada miembro al ser cada uno encargado de elaborar o producir una parte integral del trabajo. En resumen, el constructivismo apunta a crear un espacio educativo en el cual los aprendientes actúen en un entorno que los entrene para crecer individualmente y en conjunto con la sociedad.

El aprendizaje colaborativo es muy útil para proyectos, ferias científicas, exposiciones, desempeño de roles y puede no solo utilizarse como técnica de evaluación formativa sino también sumativa. El rol del docente queda como supervisor, consejero, orientador pero, definitivamente, los estudiantes deben construir y además aprovechar la oportunidad de abrirse a nuevas formas creativas y recreativas de aprendizaje. Para la evaluación de estas situaciones son de mucha utilidad las escalas de evaluación holísticas o analíticas. Por medio de estas y sus múltiples ventajas, los estudiantes pueden saber con antelación qué se espera de ellos, o sea, cuáles son los objetivos. Debe ser detallada, clara y precisa, fácil de usar, al mismo tiempo que deja espacios abiertos para que los aprendientes puedan elegir y tomar decisiones en su proceso de aprendizaje, responsabilizándose de sus productos dentro de su contexto y según su nivel académico. Además, gracias a una guía bien elaborada, el estudiante tiene la herramienta para autoevaluar su trabajo y ejecutar correcciones durante el proceso. Al final, se forma un ser humano capaz de autorregularse, de conducirse con autonomía. Después de observar estas ventajas, se recalca la necesidad de propiciar y ofrecer espacios para que los estudiantes despierten interés en el trabajo en equipo y constituyan, así, ciudadanos más colaboradores con proyección a la comunidad.

INCORPORACIÓN DE LAS TIC

Como última área por resaltar en el presente escrito, se encuentra la incorporación de las herramientas tecnológicas o TIC (tecnologías de la información y el conocimiento). Según el Programa Sociedad de la Información y el Conocimiento de la Universidad de Costa Rica, en su informe 2017, más del 50% de la población costarricense tiene acceso a internet. El acceso puede ser mediante telefonía fija, cable y dispositivos móviles. Aunque los datos parezcan positivos, ya que este porcentaje va en aumento, se debe tener presente que existe un sector de la población que no tiene acceso por factores como la zona de residencia, la baja escolaridad o los bajos recursos económicos; incluso, parte de la población que tiene acceso puede carecer de una óptima apropiación del recurso, lo cual impide su utilización enriquecedora.

La UNESCO se ha esmerado en promocionar y promover el uso de las TIC en el ámbito educativo y se refiere a las diferentes formas en que estas brindan apoyo para alcanzar las metas de la educación en cuanto a que pueden “facilitar el acceso universal a la educación, reducir las diferencias en el aprendizaje, apoyar el desarrollo de los docentes, mejorar la calidad y la pertinencia del aprendizaje, reforzar la integración y perfeccionar la gestión y administración de la educación” (2018). Es por ello que el Estado debe proporcionar espacios para que sus docentes se capaciten, lo cual repercutirá positivamente en sus estudiantes al incorporar el uso de las tecnologías en las aulas. De esta manera, se promueve una vez más una educación inclusiva, en la cual todos los aprendientes tengan igual acceso y manejo de estos recursos y puedan incorporarse a la sociedad según sus requerimientos, incrementando así las oportunidades de desarrollarse integralmente.

La gestión del Gobierno dentro de sus respectivas instituciones y centros educativos es trascendental si se pretende romper esta brecha social. Además de la inclusión de las TIC dentro de los programas educativos, se requiere la inversión en infraestructura, equipo y capacitación docente. Este último, desde su planeamiento didáctico, debe asumir un papel de iniciador y facilitador, de manera que logre aprovechar los recursos disponibles para promover el uso de las TIC. Tomando en cuenta todos los posibles contextos de acceso a las tecnologías, se pueden citar algunos ejemplos de cómo aprovechar estas en el ámbito educativo.

En un primer contexto, se piensa en una población estudiantil cuya mayoría porta telefonía móvil, pero no posee una computadora en sus hogares. Con este dispositivo, y con supervisión docente, se puede motivar a los estudiantes a convertirse en usuarios de la tecnología con fines educativos. Existen infinidad de aplicaciones descargables de forma gratuita. Por ejemplo, en cuanto al aprendizaje de las lenguas extranjeras, aplicaciones de tipo diccionario con definiciones y sonidos que reproducen la pronunciación de los términos facilitan al estudiantado esta información de manera permanente, así como también aplicaciones para reforzar la fonética que proporcionan explicaciones por medio de videos y audios, seguidos de práctica oral y escrita. Siempre en el campo de las lenguas, otras aplicaciones permiten interactuar con un compañero virtual al realizar conversaciones dentro de la aplicación e, incluso, grabar la conversación con su propia voz. Esto extiende la práctica y la producción fuera del salón de clase reforzando, al mismo tiempo, el trabajo autónomo. Otras aplicaciones muy utilizadas, como Kahoot, permiten la producción de juego o concurso en las diferentes áreas, mediante el test e incluso el debate y la discusión previa preparación del docente. Se pueden mencionar también como herramientas los grupos creados con aplicaciones de mensajería en teléfonos inteligentes; bien administrados y con sus normas de netiqueta establecidas, sirven de constante contacto con los estudiantes para compartir enlaces de repaso de los temas estudiados en el salón de clase y la aclaración de dudas. Esto es sólo una pincelada en cuanto a aplicaciones.

Otra forma sencilla de aprovechar la disponibilidad de la tecnología es por medio de algunas redes sociales que lo faciliten. Se puede lograr creando grupos cerrados de discusión para debatir temas en cualquier área del saber, apoyándose en alguna noticia, representando esto un espacio para promover el aporte de criterios en temas de interés para la sociedad y la ciudadanía en general.

Es importante mencionar la utilización del correo electrónico, el cual resulta muy útil para enviar comunicados que requieren de mayor formalidad. Además, se vuelve un medio para el envío de trabajos, aportando al mismo tiempo una economía del uso del papel que contribuye, a su vez, con los objetivos del desarrollo sostenible en cuando a la protección del medio ambiente.

Existen otros recursos tecnológicos que el docente puede utilizar en el proceso de aprendizaje y que implica cierto entrenamiento por parte de este para su utilización, pero poco entrenamiento por parte del aprendiente por su facilidad de uso; para el último, además, representan una puerta abierta al trabajo colaborativo y la práctica autónoma. Un ejemplo de esta herramienta es el uso de programas como Sway de Microsoft Office, que se puede combinar con la aplicación Microsoft Forms. Sway permite una presentación atractiva de contenidos, incorporación de imágenes y videos y un enlace a Forms para responder tests para prácticas, cuestionarios o encuestas que brindan una realimentación automática. Es un recurso que permite editar y compartir, el cual puede sustituir un folleto de contenidos y ejercicios digitado en Word y que los estudiantes deben muchas veces imprimir y resolver en el papel. Skype es otro programa que abre las puertas a otros espacios y continentes, permitiendo la interacción y el acceso a lugares donde los aprendientes nunca podrían llegar si no fuera por este medio. Se pueden compartir clases a distancia, no solo con el docente de grupo, sino con docentes de otros países y realizar viajes virtuales.

Adicionalmente, y como recurso altamente accesible, está la utilización de videos que se encuentran en la red, los cuales, con una guía controlada que prepare al estudiante antes de su presentación, sirven de gran estímulo para exponer y discutir temas variados.

Para todas las áreas se pueden encontrar formas de que los estudiantes se conviertan en usuarios selectivos de tecnología mediante diferentes plataformas, sitios web, aplicaciones, programas y redes sociales que conduzcan a enriquecer su educación, convirtiendo a la tecnología en una amiga del proceso educativo. Esto por mencionar algunos ejemplos de cómo la tecnología abre un sinfín de puertas, de cómo puede producir motivación, más contacto con la realidad y ayudar a acoplar a las nuevas generaciones a los requerimientos del mundo global.

Se puede apreciar que, para fomentar la utilización de las nuevas tecnologías, se retoma el papel facilitador del docente comprometido y dispuesto a actualizar su currículo para ser el guía que necesitan los aprendientes protagonistas. Cabe resaltar que esto no debe aumentar el trabajo del docente ni convertirse en una carga adicional, sino que el uso de las tecnologías debe incorporarse en el planeamiento didáctico y sustituir actividades tradicionales de tendencia conductista.

REFLEXIONES FINALES

Recorriendo todas estas áreas del proceso educativo es de suponer que la labor docente en la actualidad requiere mucho más que buena voluntad, como fue la regla hace años. Los docentes actuales deben ser profesionales interesados en actualizar y repasar conocimientos, personas con un gran humanismo, dada la diversidad de los sectores de la sociedad. El docente, como profesional adulto, sí requiere de muchos conocimientos, pero también debe continuar siendo un estudiante constructivista que aprenda, cada día, de la riqueza que le brindan sus estudiantes y utilice formas alternas de enriquecer su labor. El docente va construyendo su carrera cuando amplía conocimientos, cuando innova con técnicas alternativas de evaluación, cuando se sale de la regla con el objetivo de moldear, de crear, de motivar una situación intraclase. Pero el docente no está solo; necesita de otros docentes para intercambiar, realimentarse y enriquecer su carrera. Al igual que el estudiantado, es un ser social y la identificación con sus colegas resulta ser una fuente abundante de enriquecimiento para su labor.

En su carrera, un educador se enfrenta a una gran complejidad de retos. Puede observar cómo muchas veces los niños y niñas están más necesitados de afecto y atención que del bombardeo de conocimientos para realizar una prueba. La dimensión de la educación actual abarca más la calidad que la cantidad, más la persecución del alcance de destrezas y aplicación de conocimientos que la repetición aislada de estos. Importa más el proceso que el contenido, más la capacidad de desarrollar habilidades mentales que de llenar el cerebro de concepciones sin procesar. Nuestra educación urge de un retoque de humanidad, de dejar de transformar los logros en números. El país necesita ciudadanos productivos pero, sobre todo, pensantes, capaces de tomar decisiones y dispuestos a entregar de sus habilidades para transformar la sociedad sin olvidar la convivencia humana. Esa debe ser la meta de la educación.

Abarca Mora, S. (1998). Psicología del niño en la edad escolar. San José, Costa Rica: EUNED.

Alcaraz Alcázar, R. (2014). El aprendizaje colaborativo en el aula. Revista de Educación Virtual. Recuperado de https://revistaeducacionvirtual.com/ archives/1140#comments

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Jiménez Ruiz, S. (2009). La convivencia profesor-alumnos en el aula. Temas para la educación, N°3, pp. 1-6. Recuperado de https://www.feandalucia.ccoo.es/ indcontei.aspx?d=3244&s=5&ind=176

Otero, I. et al. (2007). Estrategias de aprendizaje: del desarrollo intelectual al desarrollo integral. Acción Pedagógica, 16, 194-202. Recuperado de http://www.saber.ula.ve/bitstream/123456789/17290/2/articulo18. pdf

Romero Trenas, F. (2009). Aprendizaje significativo y constructivismo. Temas para la educación, N°3, p.2. Recuperado de https://www.feandalucia.ccoo. es/indicei.aspx?p=62&d=176&s=1

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Ugartetxea. J. (2001). Motivación y metacognición, más que una relación. Relieve, 7, (n. 2), p. 51-71. Recuperado de http://www.uv.es/RELIEVE/v7n2/ RELIEVEv7n2_1.htm

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