Colegio de Licenciados y Profesores en

Letras, Filosofía, Ciencias y Artes Costa Rica

Cuentos por Cinthia Cordero Chacón

Contacte al Autor: Cinthia Cordero Chacón

Cinthia Cordero-Chacón

Diplomado en Ciencias de la Educación con énfasis en I y II Ciclo, Bachiller en Ciencias de la Educación con énfasis en I y II Ciclo, Licenciada en Ciencias de la Educación con énfasis en I y II Ciclo, Profesora de Educación Primaria en el Ministerio de Educación Pública. La correspondencia en relación con este artículo debe dirigirse a cynthiacordero55@gmail.com

Recibido: 12 de octubre, 2019

Aceptado: 29 de noviembre, 2019

Paula, la tortuga

Esta tortuga tiene muchos amigos: el pez Payaso, es muy simpático, la Medusa, un poco sensible, ni se puede tocar; el Tiburón gruñón pero amistoso. Todos van a la escuela “Marina, marinera”, allí el profesor Pulpo les enseña sobre lo bello de la vida, peligros y aventuras.

Paula y sus amigos están ansiosos por asistir a la excursión que el maestro Pulpo organizó, irán al parque “Botánico marino”, queda cerca de la superficie. Tal vez ella pueda volver a ver la playa en que nació, queda cerca de ese parque.

Paulita me ha contado que los adultos no dejan a los pequeños nadar en aguas poco profundas, porque hay monstruos que podrán dañarlos. Eso me dejó pensando:

–¿Qué clase de monstruos les haría daño a estos animalitos tan lindos?

Yo conocí a Paula en una calurosa tarde de verano, en la playa del parque Tortuguero. Una ola la trajo a mis pies, tan pequeña y bella. Le pregunté:

–¿Qué haces, pequeña, aquí solita?

–Hola, soy Paula, vine sin permiso de mamá, pero no sé cómo regresar.

–Yo te ayudo–. De nuevo la puse en el mar, no sin antes conversar.

El día de la excursión llegó, todos iban en la microbús “Ballena” con el cinturón de seguridad, listos para observar.

En el parque “Botánico marino” vieron distintas plantas, como el lirio azul, la flor de loto, algas…

Al terminar la excursión, los alumnos tuvieron tiempo libre; Paula y sus amigos salieron a nadar cerca de la superficie. Se estaban divirtiendo mucho, pero notaron que había bastante basura en el agua, objetos que nunca habían visto, con un olor desagradable.

Paula decidió dar el último chapuzón, pero en ese momento algo se le metió en la nariz, sangraba y sus quejidos se escuchaban desesperadamente.

Afortunadamente, unos turistas que paseaban en lancha la pudieron ayudar: –Mira, pobre tortuguita, se le ha metido una pajilla en su nariz, la debemos ayudar– dijo uno de los turistas.

Paula me vino a contar y a pedir que, por favor, los humanos la ayudemos, no tirando la basura en el mar, y dejando de usar tanto plástico que contamina su hogar.

Muy triste me puse al descubrir que los monstruos que dañan a los habitantes del mar somos nosotros los seres humanos, que no dejamos de contaminar.

–No te preocupes, Paulita, que yo voy a empezar a cuidar nuestro hogar y, con mi ejemplo, voy a demostrar que podemos cambiar.

 

 

Tomás y el tesoro dorado 

Este sapito dorado encontré en el baúl de los recuerdos de mi abuelo José.

–Es especial, solo está en este mundo de Dios. Míralo bien, que es una bendición– dijo con alegre voz el abuelo José.

–¿Por qué, abuelito, solo está? Debe ser hermoso como su mamá.

–Déjame pensar, que los recuerdos se me quieren escapar.

Mi abuelito Tomás olvida y recuerda con facilidad, su mente cansada por la edad; pero sus historias son mágicas de verdad, escucha, escucha… ya va a continuar.

–Sapito, sapito, ven a jugar, soy Tomás, un amable niño que quiere ser tu amigo.

–Hola, soy Dorado, no me vayas a cazar, solo quiero jugar.

–¿A cazar? Ni lo vayas a pensar, también quiero jugar en este bosque nuboso, tu hogar.

–Ven, Tomás, vamos a saltar para que conozcas este hermoso lugar.

–Abuelito, ¿así conociste a Doradito? Cuenta, cuenta ya, quiero saltar con ustedes, viajar por el bosque nuboso, entre las nubes volar.

–Lo conocí en Monteverde, bajo las nubes, le encantaba chupar el rocío con su pequeña lengua sin parar. ¡Qué felicidad! A las “escondidas” con la niebla, que nos quería atrapar.

–Pero dime, abuelo, ¿por qué Doradito solito está?

–El calentamiento global, todo lo que el ser humano provoca y daña sin cesar. Doradito se quedó sin hogar, las charcas se secaron y su familia no pudo aguantar.

–Abuelito, Doradito ya no está, ¿cómo lo puedo ayudar?

–Espera, Fabi, ya te voy a contar; el olvido en mi mente está.

–Abuelito, el sapito dorado es un recuerdo que tu mente guardó, tan real.

–No lo puedes ayudar– dijo mi abuelo con tristeza al hablar. –Ya no vive en este lugar, se ha marchado para no regresar. Pero podrías colaborar para que otros animales no desaparezcan: cuida a la Tierra, es tu hogar; recicla, reutiliza… valora la naturaleza, es el tesoro dorado, no lo vayas olvidar.

–Eso haré, abuelito Tomás, pero el sapito Dorado quiere saltar, saltar. Vamos a jugar, que tus historias son de verdad; saltar, saltar, reciclar, cuidar, valorar… Abuelito, te amo cada día más, eres especial.

 

 

 

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