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Cuento por Mónica Gabriela Chacón Retana: El colmillo de la mariquita

Contacte al Autor: Mónica Gabriela Chacón Retana

Mónica Gabriela Chacón-Retana

Licenciada en Ciencias de la Educación con Énfasis en Enseñanza de la Matemática, Docente de Matemática en el Ministerio de Educación Pública. La correspondencia en relación con esta publicación debe dirigirse a moonelacr@gmail.com

Recibido: 08 de diciembre, 2019

Aceptado: 11 de diciembre, 2019

CÓMO CITAR / HOW TO CITE

Chacón, M. (2019). El colmillo de la mariquita. Revista Umbral, 44(1), pp. 56

El colmillo de la mariquita

Con su gran caperucita roja entre sus manos,

corre apresurada por el único camino

a la casa de abuela.

¿Por qué llevas tanta prisa? –dijo la boca del lobo.

Llevo esta caperucita a mi abuela –respondió la lobita.

¡AUUUUUUUHHH! me encantan las caperucitas –aulló el lobo–. Sus colores brillantes, sus suaves texturas, sus peculiares olores –describía perdiendo la respiración–. ¿Me dejas cargarla? –preguntó ansioso.

Con su caperucita…

sucia y rota,

escondida entre sus brazos,

toca la puerta de la casa de su abuela,

la que usa un descolorido chal sobre su cabeza.

No sé qué hacer con este pedazo de tela

que mi madre dice que mi padre me dejó al nacer –rompe en llanto la lobita.

Con mucho cuidado,

su abuela toma y extiende

la caperucita de su nieta

sobre la mesa donde muchas veces

ha arreglado su propio chal,

que ahora es lila y de seda.

Desaparece unos segundos

y regresa con la promesa de

transformarla en una mariquita

antes del anochecer.

Con sus nuevas alas,

hechas a la medida,

camina de regreso a casa.

¿Y qué tenemos por aquí? ¡AUUUUUUUUUUUUUH! – sediento aúlla el lobo– ¡NO, no!, no vayas tan deprisa, ¿te parece si te acompaño a casa, mi preciosa mariquita?

Mis papás me acompañarán,

me están esperando al otro lado.

¿Los ve allá? –la mariquita saluda a dos extraños.

Vamos, señor lobo, salúdelos también; si no ¿qué van a pensar de usted?

Al otro lado,

no saben si regresar el gesto,

¿son dos lobos los que saludan?

¿Cómo puede ser eso algo bueno?

¡AUH! –aulló la mariquita–, señor lobo,

discúlpelos de mi parte;

no traen sus lentes y

seguro no nos han visto.

El lobo está sin palabras;

no puede ser real lo que ha visto.

¿O sí?

¿Será posible que a la mariquita

le ha crecido un colmillo?

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