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Giros del lenguaje

Pérdida de significado

Hace muchos años, decirle a alguien que era un ALCAHUETE o ALCAHUETA, equivalía a decirle chivo, encubridor, proxeneta y rufián, entre otros sinónimos, y constituía una ofensa seria, porque indicaba que era una persona que “concertaba, encubría o facilitaba una relación amorosa generalmente ilícita”.
Con el tiempo, esa connotación fue perdiendo su significado y se ha convertido en “consentidor”, “bonachón”, “permisivo” e, incluso, “protector”. Así la situación, ahora resulta que los padres, abuelos y educadores, entre otros, “alcahuetean” a los muchachos.
Lo mismo sucedía con el TÉ. El diccionario describía que era una planta de cuyas hojas se hacía la bebida llamada té. También se llamaba así a una actividad social: té de canastilla. Pero ahora, la Real Academia Española dice que el té es una INFUSIÓN cualquiera (en América). Así, entonces, tenemos té de manzanilla, de tilo, de canela, de menta, de hierbas y un sinnúmero más.
Algo parecido sucede con el CEBICHE (grafía más correcta), que aquí escribimos como ceviche y en otros países como seviche. El diccionario especifica que es un platillo hecho a base de pescado crudo, limón, cebolla, sal y ají. Pero, aquí, tenemos ceviche de mango, de plátano, de guineo, de banano y de palmito, entre otros. Estas acepciones todavía NO están aceptadas por la RAE…
¿Y qué me dicen de la leche de soya, del café de maíz, de la carne y del queso de soya?
Comisión Alajuelense de Defensa del Idioma Español